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El estilo Arbeloa: "Decía Luis Molowny a los jugadores: a usted le ha fichado el Real Madrid porque es el mejor, haga lo que sabe"

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El Real Madrid de Arbeloa respira y eso hace que se busque las claves de su éxito como ha hecho Miguel Ángel Portugal, entrenador y ex futbolista del Real Madrid: y está en los jugadores. Lo que hace apenas dos semanas era un incendio tras la debacle frente al Levante, hoy se ha transformado en un horizonte despejado. La victoria ante el Villarreal no solo supone tres puntos fundamentales en la persecución por el liderato, sino la confirmación de que Álvaro Arbeloa ha logrado dar con la tecla que mantenía bloqueado al vestuario blanco. Tras superar al Mónaco en Europa y doblegar ahora al tercer clasificado de LaLiga, el equipo transmite una sensación de suficiencia y armonía que parecía perdida.

El camino no ha sido sencillo. El aterrizaje de Xabi Alonso en el banquillo del Santiago Bernabéu nació de una ambición táctica muy concreta. Como bien apunta Miguel Ángel Portugal, "Xabi vino al Madrid con la idea de conseguir un patrón de juego reconocible que con Ancelotti se había ido yendo poco a poco quizás por el cansancio del éxito y del agotamiento que todo ciclo exitoso conlleva y es difícil de sostenerlo". Sin embargo, la teoría y la práctica no siempre convergen en un ecosistema tan particular como el de Valdebebas.

La herencia de la pizarra

La propuesta de Alonso era nítida, una traslación de su etapa en Alemania. El técnico tolosarra buscó implementar una "presión alta sobre el rival en sus intentos de salida de balón jugada, recuperación y transición rápida, elaboración de juego desde el portero, amplitud del juego y presión tras pérdida". Estas eran las "ideas conceptuales que tenía su Leverkusen", un libreto que buscaba la vanguardia y el control absoluto del escenario.

 

Al principio, la afición y la crítica compraron el discurso. "Parecían y se atisbaban desde el inicio cuáles eran y a su vez parecían viables", señala Portugal, pero la realidad del día a día fue erosionando el proyecto. Alonso intentó imponer un sistema rígido en un grupo acostumbrado a la libertad creativa de la etapa anterior. "Heredar una cultura de hacer y actuar durante tiempo como el que estuvo el técnico italiano marca pautas y hábitos que no son fáciles de transformar. A Xabi le tocó esta difícil tarea".

Un vestuario roto

El desplome no fue solo táctico; fue, sobre todo, humano. Mientras Alonso "intentó inculcar los registros tácticos que le gustan", la distancia con sus futbolistas crecía. El rigor excesivo y la falta de empatía terminaron por dinamitar la relación. Varios pesos pesados se pusieron en su contra, incapaces de conectar con un entrenador que priorizaba el método sobre la psicología.

Ese "algo" que falló en la etapa de Xabi es precisamente lo que Álvaro Arbeloa ha sabido identificar con rapidez quirúrgica. Según el análisis de Portugal, "algo que Arbeloa parece que ha captado y que pudieran estar más en las interrelaciones de vestuario que en las del campo". Arbeloa ha entendido que el Real Madrid no se gobierna solo desde la pizarra.

La sencillez como solución

La victoria ante el Villarreal es el reflejo de un equipo que vuelve a disfrutar. Arbeloa ha regresado a las bases, a ese "dejar hacer confiando que tus jugadores saben hacer dentro de los cánones elementales del juego". Es una filosofía que conecta directamente con la historia del club y con figuras míticas como Luis Molowny.

Como recuerda Portugal sobre la figura del técnico canario: "Le tuve un escaso tiempo de entrenador, a usted le ha fichado el Madrid porque es el mejor en su puesto, haga lo que sabe". Esta máxima parece ser el nuevo motor del equipo. Al liberar a los jugadores de las ataduras de un sistema que sentían ajeno, Arbeloa ha recuperado la mejor versión de sus estrellas.

La transformación es palpable. En solo dos encuentros, el Real Madrid ha pasado de la crisis existencial a mostrarse como un candidato firme a ganar todo. La bronca del Levante, que parecía el inicio de un fin de ciclo, es hoy un eco lejano. El equipo ha recuperado el hambre y, lo más importante, ha recuperado la sonrisa.

El éxito de este nuevo rumbo reside en una verdad que el fútbol, a veces, olvida entre tantos datos y esquemas complejos. En palabras de Miguel Ángel Portugal, "quizás los tiempos cambian etimológicamente conceptos pero lo que no cambia es la esencia".




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