Aceras estrechas, edificios convertidos en bloques turísticos furtivos, bajos comerciales transformados en habitaciones de puerta y ventana blanca, propias de sitios de paso que desangran la identidad del vecindario. Las calles del barrio de Carolinas, de los más tradicionales y poblados de Alicante, son buena muestra de los fenómenos que atraviesa toda la ciudad.