El error de enero que pone en riesgo a miles de pymes: empezar el año sin presupuesto
- Gestionar sin saber dónde está la empresa
- Enero, el mes que marca todo el año
- El optimismo excesivo en las previsiones
- VeriFactu como palanca de control
- El crédito será para quien tenga los números claros
- Más allá de la gestoría
- La urgencia de mirar la caja
La empresa sigue funcionando, los pagos se atienden como se puede y el día a día absorbe cualquier reflexión estratégica. El problema es que, cuando llegan las tensiones de liquidez, el margen de maniobra ya es mínimo.
“Muchas pymes dicen que van tirando, pero en realidad están gestionando a ciegas”, advierte John Belalcazar, CEO de Impulsa CFO.
Según explica a Confidencial Digital, hay una señal inequívoca que se repite en muchas conversaciones con empresarios: no existe un presupuesto anual ni una previsión de cobros y pagos. No saben cuándo entra el dinero ni cuándo sale. Y sin esa información, tomar decisiones es poco más que una intuición.
Gestionar sin saber dónde está la empresa
Belalcazar insiste en que no se trata de sofisticación financiera ni de grandes modelos. “Es gestión básica”, subraya.
Sin un mínimo control es imposible decidir con criterio si se pueden subir salarios, invertir, contratar personal o, simplemente, saber cómo está realmente la empresa. La ausencia de estos datos no suele percibirse como un problema urgente, pero deja a la pyme sin capacidad de anticipación.
Enero, el mes que marca todo el año
Para el asesor financiero, enero es el mes más crítico. “El error más grave es arrancar el año sin planificación”, afirma. Los ingresos pueden fallar porque dependen del mercado, pero los costes deberían estar bajo control desde el primer día. Cuando no hay presupuesto, el gasto se relaja, se improvisa y la disciplina financiera se diluye.
Ese desorden no se manifiesta de inmediato. Suele hacerlo más adelante, cuando aparecen las tensiones de caja, los pagos se acumulan o hay que recurrir a financiación de urgencia. Para entonces, el problema ya no es solo financiero, sino también operativo y emocional.
El optimismo excesivo en las previsiones
Cuando las pymes sí hacen presupuestos, otro fallo habitual es sobrevalorar los ingresos. Proyectos que “pintan bien”, clientes grandes que aún no están firmados o expectativas construidas desde el optimismo acaban inflando las previsiones. El verdadero problema llega cuando no se hace seguimiento y se sigue gastando como si ese dinero ya estuviera en la cuenta.
“Te das cuenta a mitad de año, con el verano encima, y el margen para corregir es mínimo”, explica Belalcazar. Sin revisiones periódicas, el presupuesto deja de ser una herramienta útil y se convierte en un documento olvidado.
VeriFactu como palanca de control
La entrada en vigor de VeriFactu ha sido vista por muchas empresas solo como una obligación fiscal. Sin embargo, Belalcazar cree que puede convertirse en una oportunidad para mejorar el control financiero, incluso aunque su aplicación se haya pospuesto.
Muchas pymes ya trabajan con programas como Odoo o Holded, que permiten tener datos fiables y en tiempo real. En sectores más tradicionales, la adaptación ha servido para modernizar procesos y empezar a medir márgenes con mayor precisión. Tener información fiable, insiste, cambia la forma de gestionar.
El crédito será para quien tenga los números claros
En un contexto de financiación más cara y selectiva, la diferencia no estará tanto en el sector como en el orden interno. Los bancos quieren ver planificación, cuentas claras y un propósito definido para el dinero que se solicita. Quieren saber para qué se pide y cómo se va a devolver.
Las pymes que ya trabajan con control financiero pueden incluso salir reforzadas. Las que no, lo tendrán mucho más difícil para acceder a crédito, justo cuando más lo necesiten.
Más allá de la gestoría
Belalcazar defiende la necesidad de profesionalizar la dirección financiera, sin demonizar a las gestorías. “Cumplen una función distinta”, aclara. Mientras la gestoría se centra en el cumplimiento legal, fiscal y laboral, la dirección financiera utiliza esos mismos datos para tomar decisiones de negocio.
Un director financiero externo convierte la contabilidad en una herramienta de gestión. “Cumplir con Hacienda no es suficiente para gestionar bien una empresa”, resume.
La urgencia de mirar la caja
Si tuviera que dar una sola recomendación en estas primeras semanas del año, Belalcazar no duda: poner el foco en la caja. Controlar los gastos, saber cuándo se paga y cuándo se cobra, y anticiparse a los problemas de liquidez.
“Muchas empresas no tienen problemas de rentabilidad, tienen problemas de caja”, concluye. Y eso, insiste, se puede gestionar si se empieza desde el primer día del año.
