Los juzgados pocas veces son escenarios de películas que no escondan un drama, exceptuando la felicidad que esbozan los rostros de los padres que acuden al Registro Civil para inscribir a sus recién nacidos. Cada jornada en los tribunales es campo abonado para conocer el peor lado del ser humano, los límites inesperados a los que alcanza la maldad. Una muerte violenta, una violación, una pelea, una estafa a personas indefensas... Historias que no dejarían indiferentes a cualquiera con un mínimo de humanidad. Pero entre quienes deambulan por pasillos y escaleras esperando para cumplir el trámite al que se han visto obligados por sus fechorías o por haber sido testigos de éstas se halla lo mejor de cada casa. El...
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