Aquel chico tenía solo 23 años y jamás había pasado de soldado raso, pero Ramón Franco estaba convencido de que tenía que ser su mecánico: «Necesito recompensar a Pablo Rada por los peligros de la guerra de Marruecos. Durante nuestras misiones, las balas muchas veces contornearon su silueta. Otras, con grave peligro, se salía en pleno vuelo por las alas y la cubierta para evitar que una pequeña avería se convirtiese en irreparable, sin preocuparse ni de las quemaduras del tubo de escape, ni de que la velocidad lo precipitara al vacío ni de que la hélice lo alcanzara». Sus superiores se negaban en rotundo, pero el hermano anarquista, republicano y 'díscolo' del futuro dictador se aferró a su decisión....
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