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Январь
2026

Tras tragedias de esta magnitud, la ayuda psicológica se vuelve crucial

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Tras lo sucedido en el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) resulta inevitable plantearnos algunas cuestiones inevitables,

¿tenemos los recursos suficientes en el medio extrahospitalario para estos incidentes de múltiples víctimas? En un escenario marcado por el colapso generalizado de

los servicios de urgencias a nivel nacional, cabe preguntarse si contamos con los medios físicos y humanos necesarios para responder a estas situaciones de extrema urgencia.

No hay duda de que España dispone de numerosos protocolos de actuación diseñados para ofrecer una respuesta rápida, eficaz y coordinada. En este engranaje, la enfermería juega un papel fundamental. Sin embargo, la teoría de los manuales se enfrenta a la realidad del terreno, donde la coordinación debe ser el eje central. Gestionar un incidente de este calibre implica la interrelación de múltiples actores, servicios de emergencia, personal sanitario y fuerzas de seguridad, que deben funcionar como un solo organismo.

Y es que una comunicación efectiva y clara entre todos los agentes es fundamental para poder optimizar los recursos disponibles y tomar decisiones acertadas en

tiempo real. Todo comienza con una valoración inicial crítica: obtener una visión general que determine el lugar exacto, el tipo de incidente y el número aproximado de víctimas.

Para que esto funcione es primordial la creación de un puesto de mando unificado que centralice la toma de decisiones.

Uno de los momentos más determinantes es el triaje. Este sistema de clasificación rápida es el que permite salvar el mayor número de vidas al optimizar los recursos disponibles.

Mediante la categorización por colores, negro para fallecidos, rojo para críticos, amarillo para urgentes y verde para casos leves, los sanitarios priorizan la atención bajo una presión extrema. Una vez realizada esta criba se procede a la asistencia: las víctimas más graves son estabilizadas «in situ» y evacuadas de inmediato a centros hospitalarios.

No obstante, la intervención no termina cuando la última ambulancia abandona el lugar. Tras tragedias de esta magnitud, la ayuda psicológica se vuelve crucial. Estas situaciones arrastran secuelas que afectan profundamente tanto a las víctimas como a sus familiares. Más allá de las heridas físicas, el impacto emocional puede condicionar gravemente la vida de quienes han convivido con el desastre.

Sin lugar a duda, la impecable actuación de los servicios de emergencia en Adamuz es un recordatorio del valor de nuestros profesionales y de la importancia de seguir fortaleciendo el sistema desde la formación y la dotación de recursos. Acompañar a las víctimas en estos momentos complicados es nuestra prioridad, y para ello debemos seguir trabajando en una red donde la pericia técnica y el respaldo humano vayan siempre de la mano. La respuesta ejemplar de nuestro personal sanitario ante esta situación debe ser el motor para seguir garantizando que, ante lo impensable, nuestra capacidad de respuesta sea siempre excelente.




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