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Январь
2026

Djokovic versus Alcaraz: la final de los extremos

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Abc.es 
Es esta final del Abierto de Australia 2026 un tributo a la confianza. Con Novak Djokovic apoyado en su leyenda y en saber que el nivel estaba ahí y solo había que encontrar el momento justo: «Nunca dejé de creer en mí mismo. No es una sorpresa, sé de lo que soy capaz»; y con Carlos Alcaraz que apuntaló su victoria en la semifinal ante los vómitos, los calambres y Zverev con un «creyendo, creyendo todo el tiempo». También hay una oda al anhelo. Para el serbio, vencer a Sinner para alcanzar esta final es «casi como ganar un Grand Slam», después de intentarlo sin éxito en los dos últimos años. Para el español, es tachar de la lista un reto que se le resiste, que desea más que nada: «Prefiero ganar este antes que los otros tres y completar el Grand Slam». Es, en cualquier caso, otro día ( 9.30, Eurosport ) para la historia: el número 25 para el mejor de los mejores o el número 7 para el mejor del hoy. Son Djokovic y Alcaraz dos extremos que casi se juntan. Uno defiende historia, el tenista de más edad si se corona este domingo, con 38 años y 255 días; el otro se impulsa en la juventud, el tenista de menos edad en conquistar los cuatro grandes si se corona este domingo, con 22 años y 272 días. En esa línea que los separa, puntos de unión que los acercan: tenis, desparpajo, rebeldía, caminos propios le pese a quien le pese. Alcaraz ya comenzó en su llegada al mundo del tenis como un verso libre. Tenía potencia, desde luego, pero se desmarcaba de su generación con esa variedad de contenidos que elegía a discreción. A veces, tan desordenado como un catálogo de televisión en el que se entretenía demasiado antes de decidir qué ver, qué ofrecer. Llegó en el ocaso de Rafael Nadal, presente este domingo en la Rod Laver Arena, y Roger Federer, es verdad, pero bebió de ambos y se ha ido adaptando a sus congéneres y consolidando su mentalidad. Siempre en evolución, afinó el revés el año pasado para que el paralelo le diera más réditos. Para este curso, la evolución total con el saque , que rivaliza en apariencia con el del serbio y por el que este le pidió derechos de autor . No esconde el murciano que ha tenido siempre al de Belgrado como referente. «Intento aprender algunas cosas de su juego, de la manera en la que entrena y juega sus partidos». Si hay que aprender de alguien, que sea del mejor. Al mejor de los mejores le costó entender la seriedad con la que Nadal y Federer se tomaban el tenis hasta que se dejó de imitaciones y acabó por liderar el triunvirato. Y ha vivido en constante reconstrucción desde que se apuntara a ser «el tercero en discordia». Activó el plano físico después de sufrir más de una retirada a destiempo: adiós al gluten. Ese mismo saque lo moldeó para que el codo que tuvo que operarse en 2018 sufriera menos. Conforme pasaban los años, y trataba de alcanzar al balear y al suizo, incorporó mejoras: afilar el revés para desarbolar a Nadal con los cruzados, afinar los reflejos para leer el siempre difícil saque de Federer, programar la mentalidad para superarlos a ambos . Además de yoga, meditación, higueras y oraciones al despertar, para los últimos tiempos, con la llegada de los jóvenes y un cuerpo al que le cuesta reajustarse tras el esfuerzo, más cambios en los entrenamientos, con el médico deportivo Mark Kovacs, experto en biomecánica y que muestra en este torneo, más fino, más ágil, más fresco. El viejo Djokovic en un nuevo Djokovic. Ambos juegan con la raqueta, la pelota y todo lo demás. Que al español le va bien siempre tener el apoyo del público, mostrar sonrisa para ganarse al personal y tenerlo de su lado en los momentos críticos. Al serbio casi le va bien lo contrario, motivado siempre ante las críticas . «Muchos expertos me jubilaron muchas veces en los últimos años. Quiero darles las gracias porque me dieron fuerza y motivación para demostrarles que están equivocados», incidía este viernes. Los dos, en definitiva, definen y defienden sus caminos observando lo que les va bien a cada uno, cerrando oídos y ojos a lo que dirán los demás. Y no les ha ido nada mal. Visto lo que ha ocurrido en las dos semifinales, los números solo decoran una rivalidad que cumple hoy su décimo capítulo. Son cinco triunfos para el serbio que fue el último verdugo del español en Melbourne. «Le gané el año pasado (en cuartos), veremos cómo llegamos de frescos, aunque él tiene 16 años menos que yo, lo normal es que se recupere mejor», deslizaba el serbio. Son cuatro triunfos para el murciano , con la semifinal del US Open como última cita. Ninguno de los dos, no obstante, se entrenó el sábado. Pero de nada sirven los números cuando se juega por un título que significa tanto para los dos. ¿Cómo valorar el Grand Slam número 25 de Djokovic? ¿Cómo definir que Alcaraz sea el más joven en completar el póker de grandes? Con un partido: la final.



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