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Январь
2026

El Gobierno vasco garantiza a La Perla, el balnerario sobre la arena de La Concha, la concesión para otros 30 años

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La transferencia de las competencias de Costas a Euskadi zanja la polémica que se mantenía con la Administración central sobre los usos de los locales que albergan el histórico edificio de Donostia, y que acogen, además del balneario, restaurante, discoteca y dos clubes deportivos en la misma playa

El histórico edificio de La Perla de Donostia, ilegal con la Ley de Costas en la mano

La Perla, el histórico edificio de Donostia que se levanta sobre la arena de La Cocha, tiene garantizada su continuidad como uno de los emblemas de la capital donostiarra otros 30 años y con los mismos usos. El Gobierno vasco, que cuenta desde el pasado mes de abril con la competencia en Costas, ha autorizado una nueva concesión hasta 2045, es decir, veinte años, con la posibilidad de otros diez de prórroga, lo que significa que continuará hasta 2055, “si persisten las causas de interés público que motivan el otorgamiento de la concesión administrativa”.

El Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) publicaba esta pasada semana la resolución, adoptada el pasado 21 de noviembre de 2025, del viceconsejero de Pesca, Puertos y Litoral garantizando la continuidad de este edificio, con los mismos usos con los que contaba hasta ahora, algo que parecía estar en peligro cuando la competencia sobre las costas estaba en manos del Estado, al menos a la luz de las críticas del exalcalde Eneko Goia durante los últimos meses de su mandato.

De hecho, en 2023 el Ayuntamiento de Donostia inició una batalla legal con Costas, al temer que no se garantizara una nueva prórroga de la concesión. El motivo, que la Ley de Costas establece que en los edificios justo en la costa sólo pueden establecerse servicios o usos relacionados con el mar. El edificio de La Perla acoge el balneario y centro de talasoterapia propiedad Hoteles y Termas SA, que comercializa bajo la marca La Perla, y que tiene además restaurante y dos terrazas, y que es heredero del antiguo negocio que dio origen al edificio. Pero también está la discoteca Bataplán con la terraza que acoge el Café de La Concha, el club deportivo Atlético de San Sebastián, y el club privado deportivo Eguzki. Es decir, no todos los usos se corresponden con actividades relacionadas con el mar propiamente dicho.

Sin embargo, ya el pasado mes de septiembre el Gobierno vasco ya adelantaba esta renovación de la concesión adaptando la actual normativa para permitir la continuidad de usos. Entonces ya la consejera de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca, Amaia Barredo, del PNV, ponía en valor el hecho de que la competencia esté en manos vascas para que se hayan podido “agilizar los trámites” de la concesión. “Dejamos atrás una concesión obsoleta, y la adaptamos a la actual realidad. La tramitación ha sido bastante sencilla, y no han surgido trabas, debido probablemente a que las instalaciones de La Perla llevan décadas integradas en la ciudad y así lo ven todos los agentes implicados”, señalaba la consejera.

En la documentación en la que se ha basado el departamento para aprobar la concesión, la Sociedad Balneario La Perla del Océano SL, que depende de Ayuntamiento que es el que tiene la concesión, defiende que los usos que se plantean en la solicitud de concesión son “esencialmente coincidentes con aquellos para los que fue construido el edificio: uso de balneario y otras actividades que se consideraron complementarias (realización de ejercicios físicos, restauración, salas de bailes y acontecimientos sociales) y vinculadas a la playa sobre la que se asienta”.

Además, señalan que los usos que se pretende implantar en el edificio son “ usos ambientalmente sostenibles, que no degradan el medio natural”, y defienden que se trata de actividades “relacionadas con el dominio público marítimo-terrestre”. “Así: La actividad de Talasoterapia (4.480 m²), actividad referente del edificio, necesita para el desarrollo de sus actividades agua de mar, para lo cual tienen ya autorizados desde la anterior concesión varios pozos de agua de mar alrededor del edificio. Este hecho hace que se considere compatible con la normativa de costas. Las dos actividades de restauración (situadas en planta cero y en un lateral del primer sótano; y de 700 m² +779 m² de terraza y 1.300 m² + 420 m² de terraza respectivamente) tienen como objeto prestar servicios a usuarios de la playa y de la actividad de Talasoterapia”. Señalan que una de ellas compatibilizará, con carácter secundario, “la actividad diurna con actividad nocturna con autorización para disponer de música con pista de baile o realizar espectáculos, ayudando así a mantener el equilibrio de la propuesta de ocio nocturno de la ciudad en condiciones de seguridad tal y como se ha hecho hasta la fecha”. “Por tanto, dado que son actividades que prestan servicios a usuarios de la playa se consideran también compatibles con la normativa de costas”.

Por otra parte, las dos actividades planteadas en los extremos laterales del edificio, de 1.046 m² y 1.086 m² respectivamente, serán “actividades deportivas vinculadas al mar (piragüismo, triatlón, paddle surf, natación, entre otros), abiertas a la participación de la ciudadanía en general. Por todo lo expuesto, consideramos que los usos planteados en la solicitud de concesión para la ocupación de dominio público marítimo-terrestre cumplen las disposiciones de la Ley de Costas y su Reglamento de desarrollo”, señalaban en su argumentación.

Con la nueva concesión, se cierra la incertidumbre que pesaba sobre los usos, porque el edificio como tal nunca ha estado en cuestión, ya que forma parte del paisaje donostiarra desde el siglo XIX. El edificio actual de La Perla es una reconstrucción del antiguo, que data de 1911. El primer edificio con ese nombre se levantó con madera mucho antes, en 1869, cuando se concedió el primer permiso para crear una edificación que facilitara el ritual del baño. Por ello, forma parta del paisaje donostiarra, tanto como la característica barandilla blanca que separa el paseo del arenal. El balneario de La Concha, el origen del edificio, fue el punto de atracción de la realeza y la corte durante muchos años de principios del siglo pasado, convirtiendo la capital donostiarra en punto de veraneo de la alta sociedad que eligió las calles de Donostia para construir sus palacetes y que en buena parte convirtieron la ciudad en lo que es hoy.

El Ayuntamiento, a través de la Sociedad Balneario, tenía la concesión desde 1908, pero finalizó en 2018. El ayuntamiento se acogió a una Ley de 2013 que posibilitaba solicitar prórrogas de este tipo de concesiones, por lo que solicitó en 2017 la renovación. Ya en 2020, el Ministerio de Transición Ecológica dio trámite de audiencia al Ayuntamiento y a la Sociedad Balneario en los expedientes iniciados para la prórroga y trasladó el informe de la Dirección General de Costas, y se empezó a poner en cuestión la continuidad de los usos, por lo que el Ayuntamiento inició una batalla legal mediante un recurso para poder acceder a la prórroga. Finalmente, la transferencia al Gobierno vasco ha acelerado los trámites y una vez publicada la concesión ahora dependerá del Ayuntamiento sacar a concurso la explotación.




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