Добавить новость
ru24.net
World News
Февраль
2026
1 2 3 4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28

La democracia está en peligro en Estados Unidos

0

La relación entre el presidente Trump y la democracia ha sido un tema de los debates político-académico más intensos de los últimos años. A grandes rasgos, con su pensamiento, discursos y acciones antiilustradas (ese populismo iliberal de Yascha Mounk) y de un liderazgo ego-maníaco extremo (delirante dicen algunos), se discute si su quehacer debilita y pone a prueba las instituciones democráticas o simplemente está llevando a EE.UU. al abismo de un autoritarismo puro con un “monarca” a la cabeza. La expansión de la consigna “No Kings” y las masivas marchas/actos de resistencia que se levanta en todo el país, son el reflejo de una ruptura más profunda que empieza a oler a algo parecido a la Guerra de la Secesión, especialmente en Minneapolis/Minnesota,

Los académicos Steven Levitsky y Lucan A. Way acuñaron el concepto de “autoritarismo competitivo” para tipificar un régimen político híbrido donde existen elecciones formales e instituciones democráticas, pero estas no funcionan de manera justa y/o están amañadas por el gobierno para asegurar su permanencia en el poder. En esta tipificación la oposición y disidencia (incluyendo periodistas incomodos) encuentran obstáculos para su participación a través de leyes, financiamiento, intimidación y represión selectiva, etc. Hay control sobre los medios (son hostigados) y el gobierno tiende a monopolizar la información. Hay presión sobre jueces, fiscales y organismos electorales. Se despiden funcionarios fiscales no leales, entre otros. Es decir, desde afuera aparece como una democracia, pero en esencia es solo una fachada con las distorsiones que impone el ejecutivo.

Avalados por hechos que calzan bien en esta tipología o en el de las “autocracias electorales” de Steven Forti, EE.UU. vive un autoritarismo competitivo pero que, dado las últimas acciones promovidas por Trump, rápidamente está derivando a un autoritarismo pleno con la deslegitimación sistemática de las elecciones, cambio de los distritos lectorales (jerrymanding) que limitan la participación de opositores (latinos y afroamericanos principalmente), el intento de tener más control sobre la forma en que los estados celebran las elecciones. Ejemplos son la exigencia a los estados de información sobre sus electores, poner en manos de la Corte Suprema decidir si los votos por correo sellados que llegan después de la elección pueden contarse,  tratar de imponer la forma en que se utilizan las máquinas de votación, limitar la supervisión electoral (redujo la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras que ayuda a los estados a defender sus sistema lectorales) o reestructurar limitando la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia), etc.

El control de las elecciones es acompañado de la criminalización del adversario y uso de ese “legalismo autoritario” para castigar/reprimir a la disidencia (ahí esta lo que sufre Minneapolis/Minnesota, con los abusos y violencia política de ICE – Immigration and Customs Enforcement) y controlar las narrativas (presión sobre universidades, medios de comunicación y sociedad civil), purga de jueces, militares y funcionarios. Esto ha revelado tanto las vulnerabilidades como la resiliencia de sus instituciones.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

John Stanley, ex profesor de filosofía de la Universidad de Yale y autor de los libros “How Fascism Works” y “Erasing History: How Fascist Rewrite the Past to Control de Furure”, dice que utiliza tácticas retóricas fascistas (ataque a minorías, política confrontacional, nacionalismo excluyente). Pero más allá de entrar en la discusión abierta de si esto es o puede ser fascismo por elementos de continuidad existente entre fascismo histórico y la extrema derecha (Jonathan Rauch en The Atlantic dice que “Sí, es fascismo”), Stanley reafirma que “ahora mismo, el régimen de Trump ha decidido que tiene suficientes palancas de poder como para no necesitar más apoyo público…se está produciendo un golpe de Estado en EE.UU.…el régimen se está descontrolando. Se están empapando de crueldad, corrupción e ilegalidad… La mayoría (…) está empezando a entender que nos enfrentamos a un dictador, un dictador fuera de control”.

David Brooks, en esta línea dice que si siguen la trayectoria de los acontecimientos, está bastante claro que se encaminamos hacia un colapso, agregando que dentro de los cuatro colapsos que vive EE.UU. (derrumbe del orden internacional (además de debilitar las instituciones, contribuyó a 622 bombardeo en el extranjero en 2025), de la tranquilidad doméstica, de la democracia y el de la mente del presidente), “el declive de la mente (narcisista) de Trump es el principal, y conduce a todos los demás”.  Agrega que “…los tiranos se embriagan de su propio poder, lo que reduce progresivamente la moderación (y) aumenta la sensación de que tienen derecho a hacer lo que quieran” (lo del Kennedy Cen ter es patético). La congresista Maxine Waters lo llama “un gánster criminal sin conciencia moral ni devoción por la libertad, la justicia y la igualdad”.

Habiendo aprendido el funcionamiento institucional luego de 4 años de gobierno y con la certeza de la necesidad de contar con solo personas incondicionales, Trump inició un proceso de fuerte concentración y personalización del poder saltándose el equilibrio de poderes, por ejemplo, a través del uso frecuente/abusivo de órdenes ejecutivas para avanzar en su agenda de deconstrucción institucional, muchas de ellas controvertidas con las actuales leyes y estándares éticos históricos. En su primer mandato firmo 220 órdenes ejecutivas y ahora (hasta fines de 2025) ya lleva 225 (ej. prohibición de entrada a ciudadanos de ciertos países, acciones contra estados “rebeldes”, aranceles, etc.). Es decir, está gobernando por decreto.

Se vienen las elecciones de medio termino (03/11/2026) y lo más seguro es que los republicanos y Trump las pierdan (ej. en las elecciones especiales del distrito 9 del Senado estatal de Texas, el demócrata Taylor Rehmet le ganaría a la republicana Leigh Wambsganss 57,2% a 42,8%) y lo más seguro es que el “King” hará todo lo posible por no perder poder (su aprobación ronda el 37%). Ya el 2020, Trump demostró este negacionismo al rechazar los resultados electorales y debilitar las normas escritas e informales (autocontención, respeto institucional) que sostienen la democracia. Afirmó fraude masivo sin pruebas, presionó a funcionarios estatales y locales para cambiar el resultado. Inundó las redes sociales y otros espacios con dudas sobre los votos por correo. Atacó a la prensa acusándola de divulgar “fake news” y desprestigio a periodistas. Critico a jueces que fallaban en su contra y se deslizo “amenazas” al poder judicial. Presionó al Departamento de Justicia para realizar investigaciones favorables e interfirió en agencias como el FBI. La “guinda de la torta” fue la instigación a sus partidarios en el asalto al Capitolio/Congreso (06/01/2021) y donde murieron 4 personas y más de 140 policías resultaron heridos.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

A pesar de lo grave del asalto al Capitolio, sin embargo, aproximadamente 1.500 de las personas condenadas por este hecho recibieron alguna forma de clemencia en su segundo mandato, ya sea mediante el indulto o la conmutación de la pena. Además, varios de estos insurrectos han sido acusados de estar en ICE, servicio que asesino a Renee Nicole Good y a Alex Jeffrey Pretti en Minneapolis y que ha visto más de una treintena de muertes en sus centros de detención (Joe Rogan, ex trumpista y uno de los presentadores de pódcast más populares de EE.UU. se ha preguntado si ICE es una nueva Gestapo).

La militarización de la política (uso creciente de FF.AA. y policiales en tareas internas) es uno de los mayores riesgos actuales para la democracia y los ciudadanos. Por una parte, ni el ejército ni la Guardia Nacional están pensada para funciones policiales, pero más traumático es el actuar de ICE (un ejército de 20.600 empleados aproximados que responde a Trump y del secretario de Seguridad Nacional) que manifiesta un desprecio profundo por las formas y límites de la ley como el habeas corpus con detenciones sin orden judicial, arrestos en hospitales, escuelas y cortes de justicia, personas sacadas de los brazos de sus abogados, ciudadanos retenidos por semanas sin debido proceso. Al final, son verdaderos “secuestros”.

Trump ha amenazado también con utilizar el Insurrection Act para evitar las protestas en su contra (presionar y disciplinar), lo que le permitiría implementar una forma de estado de emergencia que autoriza el despliegue del ejército para preservar el orden (la última vez fue invocado en 1992 por el presidente George Bush quien enfrentó grandes disturbios en Los Ángeles tras la absolución de policías que habían golpeado a Rodney King, un automovilista afro). El Pentágono ha preparado a la 11 División Aerotransportada del ejército (1500 soldados en servicio activo) para respaldar la amenaza del presidente. Ello a pesar de que la ley Posse Comitatus le impide usar las FF.AA. como una fuerza policial interna.

Es claro que en EE.UU. se ha instalado una nueva élite contrarrevolucionaria que está pensando y organizando un cambio de régimen: léase personajes como Steve Bannon, Tucker Carlson, Roger Stone, Leonard Leo, Timothy Mellon o instituciones como la America First Policy Institute, The Heritage Foundation, Manhattan Institute, etc. En todo caso y como lo expresa Emma Shortis, experta en Trump, Stepehn Miller es el tipo de cerebro detrás de las posturas de línea dura de Trump sobre inmigración y de la capacidad de la administración Trump de usar las palancas del poder y expandir el poder disponible para el presidente.

Manifestaciones contra el ICE en Mineápolis. Foto: Chad Davis en flickr.

El estilo de lealtad personal con el “monarca” por sobre las normas institucionales que ha impuesto Trump y que ha resultado de despidos y persecuciones en la administración pública, se relaciona al objetivo de poner a los propios en función del control. El último personaje público relevante perseguido es Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal tras su resistencia a presiones para ajustar tipos de interés de acuerdo a preferencias de Trump. Pero la lista es larga y ha llegado a las cabezas de organismos de seguridad (FBI, Consejo de Seguridad Nacional) y de las FF.AA., donde han salido forzadamente alrededor de 15 oficiales (generales y almirantes) de primera línea el primer semestre de 2025 como parte de una “reestructuración” del liderazgo militar (el secretario de Defensa Pete Hegseth ordenó reducir hasta el 20% de oficiales de cuatro estrellas, algo inusual y sin precedentes).

Un informe de la Office of Personnel Managment (OPM) del 2025 indica que más de 150.000 empleados federales aceptaron paquetes de renuncia incentivados (deferred resignation), jubilaciones o fueron despidos como parte de una reestructuración del gobierno, lo que le ha permitido nombrar jueces y funcionarios altamente alineados políticamente en puesto claves para garantizar un control autocrático prolongado (ha politizado la administración pública, incluyendo las FF.AA. y agencias de seguridad).

Trump también ha puesto especial atención en el manejo de la información, por ejemplo, poniendo fin al financiamiento de NPR y PBS, dos medios públicos acusándolos de sesgo mediático o calificar a otros de “enemigos del pueblo” (The New York Times, CNN, CBS). Al final, está tratando de controlar la narrativa y con ello ha puesto en riesgo el periodismo independiente y de paso la necesaria pluralidad de la democracia (viola la Primera Enmienda) en función de tratar de imponer una obediencia anticipada de funcionarios y ciudadanos según Timithy Snyder de la Universidad de Yale. La actual administración también ha amenazado y/o retirado fondos federales a universidades que apoyan protestas o expresiones políticas contrarias a su línea (ej. se recortaron fondos a programas de investigación y de enseñanza inscritos en la justicia racial, pluralidad, género o cambio climático).

La Enmienda 22 de la Constitución de EE. UU. (1947, posterior a la presidencia de cuatro mandatos de Franklin Delano Roosevelt) establece que ninguna persona puede ser elegida presidente más de dos veces. Sin embargo, Trump tampoco ha descartado la posibilidad de cambiarla y habla de un tercer mandato diciendo que “hay métodos” que podrían permitirlo y que no estaba “bromeando” o que sería un “gran honor servir no una, sino dos, tres o cuatro veces”.

Claramente, Trump ha normalizado conductas antes consideradas inaceptables y ha mostrado con claridad cómo una democracia puede erosionarse desde dentro, sin golpes de Estado clásicos pero que conducen al mismo autoritarismo duro y pleno (pretende un poder perpetuo). Por suerte ha empezado una resistencia pacífica activa y masiva de los estadounidenses (protestas nacionales: “Apagón Nacional”) que está contraargumentando ese afán de perpetuidad insana, resistencia que ha tenido el apoyo figuras nacionales (ej. ahí esta Bruce Springteen con su canción “Calles de Minneapolis”) e incluso de legisladores republicanos que se han opuesto a ciertas leyes imperiales. La democracia en EE.UU. si está en peligro.


Mladen Yopo H., Doctor en Ciencia Política e Investigador del Programa Política Global Universidad SEK-Chile.




Moscow.media
Частные объявления сегодня





Rss.plus
















Музыкальные новости




























Спорт в России и мире

Новости спорта


Новости тенниса