Un papiro egipcio del Museo Británico reavivó la discusión sobre la posible existencia de gigantes en la antigüedad
Un antiguo papiro egipcio, conservado en el Museo Británico, volvió a colocar en el centro del debate académico la posible existencia de personas de estatura extraordinaria en el pasado. El documento, conocido como Papyrus Anastasi I, generó nuevas interpretaciones entre arqueólogos e investigadores bíblicos por sus descripciones físicas poco habituales.
El texto pertenece a la Dinastía XIX de Egipto, en el siglo XIII a. C. Se trata de una carta atribuida al escriba Hori. En ella se relata un encuentro en un desfiladero de Canaán con guerreros Shasu, un grupo seminómada del sur del Levante. El documento describe a algunos de estos hombres con una altura de cuatro a cinco codos.
El codo real egipcio, con una medida aproximada de 52,45 centímetros, permite calcular estaturas que oscilan entre 2,03 y 2,59 metros. Este rango supera el promedio humano conocido para la época, según análisis divulgados por el portal Associates for Biblical Research.
Estas referencias provocaron asociaciones con los Nephilim, figuras mencionadas en textos bíblicos y judíos. El Génesis 6:1–4 los describe como seres poderosos del pasado, nacidos de la unión entre los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Investigadores de distintos centros consideran que el papiro podría aludir indirectamente a estos personajes.
El debate también incluyó paralelismos con Og, rey de Basán, identificado en la Biblia como el último de los Refaim, una raza descrita como gigante. Estudios del Armstrong Institute of Biblical Archaeology señalan que una tablilla cananea hallada en Ugarit, fechada cerca del 1.200 a. C., menciona a un personaje llamado “Rapiu, Rey de la Eternidad”, vinculado a ciudades asociadas bíblicamente con Og.
Otros registros egipcios reforzaron esta línea de análisis. Un relieve de Ramsés II, relacionado con batallas cercanas a Qadesh alrededor del año 1.274 a. C., muestra a dos espías Shasu capturados con un tamaño mayor al habitual. A diferencia de las representaciones idealizadas de los faraones, esta escena se interpreta como más realista.
A esto se suman los Textos de Ejecución egipcios del segundo milenio a. C. En ellos se menciona a los “Iy Aneq”, descritos como individuos de gran estatura. Algunos especialistas los relacionan con los Anakim bíblicos, un pueblo que, según el libro de Números 13:33, generaba temor por su tamaño.
Los Shasu aparecen en registros egipcios desde el siglo XV a. C. Inscripciones del faraón Merneptah los sitúan como contemporáneos de los primeros israelitas. El arte egipcio los representa con vestimenta cananea y los ubica en regiones como Canaán, Filistea y Transjordania, zonas que coinciden con áreas asociadas a los relatos bíblicos de gigantes.
Las menciones a figuras de gran tamaño abundan en la Biblia. El relato de David y Goliat describe al guerrero filisteo con una altura superior a 2,74 metros. Otros personajes como Ishbi-Benob también figuran en estos textos. La coincidencia geográfica resulta llamativa, ya que el papiro Anastasi I alude a un valle levantino y la Biblia menciona el Valle de Refaim, cerca de Jerusalén.
No todas las interpretaciones coinciden. Algunos expertos sostienen que estas descripciones respondieron a exageraciones retóricas, comunes en relatos militares antiguos. Desde esta perspectiva, las dimensiones atribuidas a los Shasu o a los Iy Aneq buscaban infundir temor o magnificar victorias, no documentar estaturas reales.
Aun con estas posturas, la convergencia de papiros, relieves y tablillas procedentes de Egipto y Canaán, ubicados en un período y región similares, mantuvo activa la discusión académica sobre la posible base histórica de los relatos antiguos sobre gigantes.
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