Generación Z y coleccionistas veteranos llenan la Feira do Disco: este detalle lo confirma
Una pasión que despierta temprano
Minutos después de abrir sus puertas, el salón del Hotel Rías Bajas en Pontevedra ya estaba lleno. A las 11:30 de la mañana, los pasillos de la Feira do Disco bullían de vida. Decenas de personas examinaban con precisión las cubiertas de los vinilos, en una búsqueda casi ritual que parece resistir cualquier moda pasajera.
Para muchos, como el músico Rafa Carballo, la cita se ha convertido en un ritual dominical: “Es el único domingo en el que los aficionados a la música se levantan temprano”, bromeaba mientras observaba la marea humana.
Un mercado que no se agota
El evento confirma lo que se percibe desde hace años: el formato físico, y especialmente el vinilo, no solo ha sobrevivido a la era digital, sino que vive un renacimiento sostenido. Mario Postigo, vendedor habitual en ferias, explica que la demanda en Pontevedra se mantiene constante. “La mañana es espectacular; la tarde baja un poco, pero el público siempre responde”, afirma.
Postigo, más aficionado que empresario, ha convertido su pasión por el coleccionismo musical en una forma de vida. Recorre ferias, compra, intercambia y vende discos, todo mientras observa cómo se diversifica su clientela.
La sorpresa generacional
Lo que más llama la atención es el perfil de los asistentes. Aunque el grueso del público sigue siendo el de coleccionistas veteranos —mayores de 40 años—, la presencia de jóvenes menores de 30 es cada vez más evidente. “Hay un bum del vinilo”, reconoce Postigo. “Están saliendo nuevas ediciones, se fabrican reproductores, y los jóvenes lo están recuperando, ya sea por moda o esnobismo”.
Nostalgia frente a lo inmediato
El contraste con el consumo digital es palpable. En una época donde las plataformas de streaming lo ofrecen todo al instante, el vinilo exige tiempo, atención y dedicación. No es solo un soporte: es una experiencia. Y eso conecta tanto con nostálgicos como con nuevas generaciones que buscan algo tangible.
“El vinilo nunca desapareció de mi casa”, asegura Postigo, reflejando una fidelidad que hoy se traduce en encuentros intergeneracionales alrededor de los discos. Abuelos, padres y nietos comparten un mismo espacio, guiados por una pasión común: la música en su forma más física.
Catálogo: un viaje al pasado
Quien acude a la feria buscando novedades como Rosalía o Bad Bunny, se llevará una decepción. Este evento es un homenaje a los clásicos. The Beatles, The Rolling Stones, Ramones o Nirvana dominan la oferta, junto a joyas del jazz y el pop de las décadas de los 60, 70 y 80.
El criterio no es la actualidad, sino el legado. “No trabajamos novedades”, explica Postigo. Aquí no hay lanzamientos recientes, sino discos con historia, con aroma y peso, objetos que cuentan algo más allá de sus canciones.
Precios para todos
Lejos del elitismo que a veces rodea al coleccionismo, la Feira do Disco mantiene precios accesibles. Los discos se mueven en un rango entre 5 y 30 euros, lo que permite tanto iniciarse como ampliar colecciones sin grandes inversiones.
Este equilibrio hace que la feria sea atractiva para todos los bolsillos y mantenga viva la cultura musical fuera del entorno digital.
La cultura analógica se resiste a desaparecer
Más allá del volumen de ventas o de la variedad de títulos, el verdadero éxito de la Feira do Disco radica en su capacidad de reunir a generaciones enteras en torno a una pasión compartida. En tiempos de inmediatez, el vinilo propone pausa, descubrimiento y disfrute sensorial.
Y si algo dejó claro la cita de este domingo en Pontevedra es que la cultura musical analógica no es solo un recuerdo: es un presente vivo y en expansión.
