Como tantos otros futbolistas,
Cristiano Ronaldo vive y se desvive por jugar el
Mundial de fútbol del próximo verano. Es su obsesión, lógica y comprensible. El portugués cumple hoy los 41 y, por lo tanto, sabe cuál es el último baile que le ilusiona. Para llegar a la Copa del Mundo de Canadá, Estados Unidos y México,
Cristiano ha cuidado su cuerpo como el mejor profesional que ha sido desde que empezó. Si no, no se logran 961 goles en una carrera, por más longeva que sea. Camino de esos mil tantos, que le encumbrarían al nivel de
Pelé, de pronto ha surgido un problema.
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