Retrato de un paisaje alemán
Uno no sabe de la aventura que le espera al otro lado del Atlántico hasta que abordas el avión y sabes que el viaje será para largo. Agotador, desafiante, complicado, especialmente cuando el lugar de destino no habla tu propio idioma. Cliché dirán algunos, pero lo cierto es que no estás completamente preparado hasta que pone los pies en tierra entonces conocida por libros y noticias y que en momentos de dificultad ya no puedes salir corriendo. Una nueva versión de ti está debutando.
Algunos tomamos esa decisión recientemente. Yo, por ejemplo, hace un poco más de un año y medio. Otros, lo hicieron hace décadas. Para escapar; para buscar aventuras o para aspirar a una calidad de vida que el país de origen ya no ofrece. Quizá las razones a lo largo de los años no hayan variado mucho; sin embargo, a diferencia de quienes nos precedieron, contamos con una pequeña gran ventaja que nos da el valor de contar nuestras propias historias en una menor cantidad de tiempo y a un público, cuyas caras no conocemos, pero que nos escuchan. Esa es la magia de la tecnología y las redes sociales.
A lo mejor cuento esta historia para no volverme loca entre tanto papeleo burocrático por el que es famoso Alemania y, a la vez, en medio de un futuro cuya incertidumbre todavía me pesa. Sin embargo, no estoy sola. Tuve la fortuna de asistir a un curso de idiomas en el que compartí con compañeros de distintas latitudes, la gran parte de ellos de zonas que actualmente se encuentran en conflicto. Ucrania, Palestina, Siria, Irak, Pakistán y Venezuela son algunos de ellos.
Somos varios los que asistimos a clases con más o menos ganas de aprender la lengua de Goethe. Habemos algunos con la idea de comenzar una nueva vida; otros con el sueño de algún día volver a su patria, porque este país nunca fue su primera opción, pero que lo intentan de todos modos… Otros, simplemente no tuvieron más remedio que devolverse a sus países porque la incerteza fue mayor.
Este último fue el caso de la familia cubano-libanesa integrada por Yusleidi Santos Ordaz, Aysar Sami Tfaili y su hija Samia Aysar Tfaili, quienes, tras esperar 11 meses la regularización de su situación migratoria en Alemania y no tener una respuesta, decidieron devolverse al Líbano. Todo esto, pese a que tanto Yusleidi y Aysar contaban con estudios superiores –ambos ingenieros- lo que eventualmente podría haberlos ayudado a integrarse a un país con una pronunciada escasez de trabajadores cualificados.
Yusleidi Santos y su familia tomaron la decisión de regresar al Líbano tras meses de espera. Créditos: Natalia Palma.
“La estancia en Alemania fue una experiencia bella. A pesar de haber salido de la guerra, el haber pedido el asilo en Alemania fue una luz que tuvimos en un momento. Pero la espera de 11 meses y 10 días fue difícil. A pesar de que nosotros somos una familia de profesionales, no concebimos cómo hay personas que entran al país y no aportan nada, que viven del gobierno y les dan el asilo. A nosotros, que podríamos haber aportado al país y no vivir de las ayudas humanitarias, nunca nos respondieron”, reflexionó Yusleidi desde la ciudad de Baalbeck, donde junto a su familia vive con los padres de su marido, tras perder su casa en un bombardeo.
Según la Agencia Federal de Empleo (Bundesagentur für Arbeit) en 2024 hubo 439 mil puestos vacantes para trabajadores cualificados, especialistas y expertos en cargos que cotizan a la seguridad social. Mientras que un estudio del Instituto Alemán de Economía (Institut der Deutschen Wirtschaft) estimó que la cifra de puestos cualificados no cubiertos aumentará en 768 mil para 2028, siendo las áreas más afectadas las de la salud, educación y trabajo social.
Por otra parte, un estudio encargado por la Fundación Bertelsmann (Bertelsmann Stiftung) concluyó que, dado el envejecimiento progresivo de la población, Alemania necesitaría aproximadamente 288 mil trabajadores extranjeros cualificados anualmente hasta 2040 para evitar una caída del 10% de su fuerza laboral. Además, mencionó que, sin inmigrantes, para ese año la fuerza laboral caería de los 46,4 millones actuales a 41,9 millones.
“Es un proceso bastante lento y tú no puedes perder tanto tiempo, porque tienes que tomar decisiones. El regreso al Líbano fue por cuenta de que mi hija ya lleva un año y pico perdido de universidad y sinceramente no voy a perder más tiempo, porque ella tiene que encaminarse”, expresó Santos, añadiendo respecto a la situación del Líbano: “Aquí todos los días sigue la cacería de Israel a las personas de Hezbolá, todos los días hay algo, todos los días hay bombardeos, acá no se sabe si un día te va a caer otra bomba cerca o no. Solo te puedo decir que sea lo que Dios quiera, darle gracias por estar vivos y tratar de encaminarme en lo que pueda. Ojalá que no haya más guerra y no le deseo a ninguna persona que pase por esta situación”, apuntó Ordaz.
Lo cierto es que la migración plantea desafíos a todo un sistema, no solo en términos burocráticos, sino a la sociedad entera que es receptora y a la gente que llega; muchas veces con costumbres, religiones, alfabetos y problemas distintos. Pareciera que el shock es inevitable, pero también hay algunos que persisten en su labor de entregar herramientas a los nuevos habitantes para rehacer sus vidas.
“Alemania es un Einwanderungsland”, dice el profesor Martin Eberlein, quien reflexionó sobre los discursos políticos contra la inmigración. Créditos: Natalia Palma.
Asimismo, Eberlein manifestó sus reparos respecto a lo que se considera una “sociedad alemana”, a propósito de la intensificación que ha habido en el país de los discursos políticos anti inmigratorios, promovidos por la extrema derecha.
“¿Qué es una sociedad alemana? Si vas a Alemania occidental vas a encontrar un 30% de migrantes; tienes gente de Turquía y de muchísimos otros países. Eso es normal, ¿Quién es alemán al día de hoy? Si ves la televisión tienes a “Tagesschau” (el principal noticiario del país) y puedes ver a gente negra que habla en alemán. Es multicultural. Alemania es un “Einwanderungsland”, es decir, un país de inmigración, tal y como Estados Unidos”, cuestionó el docente.
Precisamente considerando el contexto de la declaración del profesor Eberlein, fue que poco después se desató una de las polémicas que sigue persiguiendo al canciller conservador democratacristiano (CDU), Friedrich Merz, quien en una conferencia en Potsdam a mediados de octubre se refirió al endurecimiento de las políticas migratorias y que, pese al avance en esta materia, persistía un problema con el “Stadtbild” o “paisaje urbano”, lo que le valió acusaciones de racismo y críticas incluso desde su propia coalición.
Con todo, en medio de las tensiones políticas del momento, todavía sigue habiendo personas que buscan hacerse un lugar en este país, como yo y como mis compañeros de clases, quienes ya empiezan a configurar un camino para seguir desarrollándose acabado el curso de idioma e integración.
Así, por ejemplo, Vladyslav Kravchenko, quien dejó su natal Odessa, en Ucrania, después del inicio de la guerra con Rusia, destacó la calidad de vida y las oportunidades que entrega Alemania.
Vlad en la estación central de trenes Budapest, a una semana del inicio de la guerra y camino a Alemania. Créditos: cedida.
“Nunca he vivido en un país más solidario que Alemania. Es un país social que tiene medidas para ayudar a otras personas y, si bien es difícil ser rico, también es difícil ser pobre aquí (…) Con el fin de no trabajar más en servicio al cliente, necesitas tener un diploma. Por eso es mejor aprender algo y yo estoy interesado en Fisioterapia. Para eso necesito hacer un “Ausbildung” (formación técnica) y alcanzar un nivel intermedio de alemán. Es un proceso largo, son tres años de estudio, pero está bien”, expresó.
Mientras que Salah Alshembari, apicultor y proveniente de la ciudad de Gaza, junto con comentar la compleja situación que se vive día a día en Palestina, manifestó su deseo de optar a una formación profesional en la universidad en Alemania, lo que, por ende, también requerirá un perfeccionamiento del idioma.
“Después del curso, pienso tomar los niveles más avanzados de alemán (B2-C1), de manera que después pueda entrar a la universidad. Me gustaría estudiar Negocios Internacionales, ya que me interesa la economía y los negocios (…) Nadie sabe lo que va a pasar mañana en Palestina tras esta guerra. Lamentablemente, mucha gente ha perdido sus casas, pero de todas maneras tenemos esperanzas”, afirmó.
Lo cierto es que este ha sido, por decirlo menos, un viaje intenso, difícil, pero rebosante de vida e historias que creo merecen ser contadas. Supongo que puedo decir que no soy la misma o, más bien, que no somos los mismos desde que llegamos, pero a lo mejor se trata de eso Alemania: un desafío constante en el sistema de creencias y un paisaje urbano lleno de retratos por descubrir.
Foto junto a Salah, previo a su rendición del examen B1 de alemán (nivel intermedio). Créditos: Natalia Palma
