Eran finales del mes de diciembre y un equipo de investigadores descendía con un submarino teledirigido en el océano Atlántico, frente a
Argentina, cuando, a unos 240 metros de profundidad, la sala de control del vehículo se quedó totalmente en silencio al ver una
medusa gigante en las pantallas. Se trataba de una especie de aguas profundas que rara vez se había visto en los mares y océanos del mundo.
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