Palomas espías, el último proyecto del instituto universitario dirigido por la hija de Putin
La vuelta del uso de las palomas como herramienta de espionaje, al más puro estilo Churchill en la Segunda Guerra Mundial, podría estar cada vez más cerca debido a los avances del instituto universitario que dirige Katerina Tíjinova, hija del presidente ruso Vladimir Putin. Actualmente, Tíjinova es la directora de de la Fundación Nacional de Desarrollo Intelectual y del Centro Nacional de la Reserva Intelectual, ambas pertenecientes a la Universidad Estatal de Moscú.
Según ha informado el periódico digital Meduza en su perfil de X, la star-up Neiry Group, en la que trabajan científicos del Instituto de Inteligencia Artificial, se encuentra experimentando la implantación de chips en el cerebro de palomas para convertirlas en "biodrones teledirigidos". Un experimento que, de lograrse, permitiría el uso de pájaros para poder espiar e inspeccionar áreas específicas, así como de herramienta para equipos de búsqueda y rescate.
Aunque el proyecto aún se encuentra en fase de experimentación en condiciones de laboratorio, la empresa ya se encuentra planificando las posibles utilidades que tendrían estas palomas espías. Por el momento, han asegurado tener motivaciones pacíficas en cuanto a su investigación. Sin embargo, también ha confirmado que, en caso de obtener resultados satisfactorios, contempla la posibilidad de realizar vuelos de larga distancia.
Neiry Group es una empresa emergente rusa especializada en la neurotecnología, una disciplina que estudia cómo influir en el sistema nervioso de los seres vivos, entre otras cosas. En su página web se mencionan experimentos previos con vacas y ratas. Asimismo, cuenta con inversores estrechamente ligados al gobierno de Moscú, entre ellos dos organizaciones supervisadas por Putin y una fundación del oligarca del metal, Vladimir Potanin.
¿Cómo diferenciar a las palomas espía?
Según informa el medio Meduza, las palomas espía se pueden distinguir fácilmente de las palomas convencionales, debido a la presencia de un cable que sobresale de su cabeza y que conecta con una mochila situada a su espalda y una cámara localizada en su pecho. En la mochila, las aves portan una pequeña batería solar para lograr una mayor autonomía.
La propia empresa Neiry ha explicado que los chips implantados en el cerebro de los animales generan una serie de estímulos eléctricos que permiten controlarlos a distancia. Asimismo, han insistido en que este procedimiento es seguro y ético, comparándolo con otras prácticas como montar a caballo u ordeñar vacas. Pero no han querido ofrecer mayor información sobre el proyecto.
Sin embargo, según los expertos consultados por el medio ruso, estos dudan de la efectividad del proyecto por el escaso avance científico que se ha realizado en los campos relevantes a la investigación.
Las palomas ya eran utilizadas en la Segunda Guerra Mundial
No obstante, este no es el primer caso de palomas espía en la historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, estas aves desempeñaron un papel crucial para el bando aliado, aunque limitado al traslado de mensajes entre las potencias aliadas, gracias a la Operación Columba, organizada por Winston Churchill, entonces dirigente del gobierno del Reino Unido
En dicha operación, se adiestraron y enviaron más de 16.000 palomas mensajeras a las zonas ocupadas de Francia, con el principal objetivo de mantener el contacto con el frente. Para ello, el gobierno británico aprovechaba la noche para lanzar miles de cajas con paracaídas, que contenían tanto las palomas como material para escribir los mensajes. Entre el material, destacaba un pequeño cilindro, donde se introducía la carta antes de sujetarla a la pata del ave.
Una vez redactado el mensaje, la paloma era liberada con la intención de que regresara a Reino Unido llevando información sobre las batallas que se desarrollaban en el frente. Se estima que solo unas 1.800 aves regresaron desde Francia, aunque hay casos anecdóticos como el de la paloma Comando, que completó 90 viajes de forma exitosa y recibió la medalla Dickin por su valor frente al enemigo.
