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El enemigo en casa

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Cumbre del PP el pasado lunes en la Junta Directiva Nacional. A su término, varios dirigentes regionales se reúnen en un local cercano a Génova 13 para comentar el escenario político tras las recientes elecciones en Extremadura y Aragón. Sobre la mesa surge inevitable la sombra de Vox, partido que duplica votos y eleva el tono de sus exigencias para entrar en los gobiernos autonómicos. «Tenemos el enemigo en casa y esto tiene que acabar», zanja uno de los asistentes. En efecto, Santiago Abascal y su «núcleo duro» viven obsesionados con hacer la vida imposible al PP antes que a Pedro Sánchez y se mueven como rivales dentro del espacio de la derecha.

Con todo pragmatismo, Alberto Núñez Feijóo aborda en la Junta Directiva el asunto, destaca la incontestable victoria del partido en ambas regiones, pero lanza un mensaje de colaboración hacia Vox y Abascal, a quien advierte de que no ponga «muros». En la misma línea se expresan la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, y el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco, que concurre a las urnas el próximo 15 de marzo y ha tenido una brillante intervención en esta Casa de LA RAZÓN. Todos defienden su gestión y coinciden en que el auténtico enemigo ha de ser, tiene que ser, Pedro Sánchez.

En el «sanedrín» popular los dirigentes del PP analizan con sentido práctico la situación. Los resultados revelan que el PP es el primer partido ganador imbatible, pero también que necesitan a Vox para cerrar los gobiernos en Extremadura y Aragón. Las dos campañas han sido descarnadas, entre constantes enfrentamientos y ataques, algo que utiliza con desvergüenza el socialista Sánchez. Mientras la derecha permanezca dividida será muy difícil su victoria total. «Los de Abascal funcionan como en un divorcio, todo vale con tal de fastidiar al otro», dice un barón popular.

En efecto, Santiago Abascal anda envalentonado por los resultados regionales, si bien debe meditar cuánto puede durar esto. Recuérdese en su día la altivez de Rosa Díez y de Albert Rivera, lanzados como motos al estrellato nacional.

¿Dónde están ahora sus respectivos partidos, UPyD y Ciudadanos? Desaparecidos sus líderes en el ostracismo del mapa político. Esta reflexión ha de tenerla muy en cuenta Abascal porque, como bien advierten en el PP, «la gente se puede cansar y querer votar por lo que se hace, no por lo que no se hace».

Muy cierto. Hasta el momento la estrategia de Vox ha sido salir de los Gobiernos autonómicos para no quemarse y le ha dado réditos. En Extremadura y Aragón queda claro que ha ganado antes el enfado que la gestión, como reconocen María Guardiola y Jorge Azcón. Dos buenos gestores, con dos campañas muy distintas, vencedores ambos en las urnas, pero con necesidad de Vox. El tiempo corre deprisa, en especial para la extremeña, cuya investidura está fijada para el 3 de marzo.

Urge expulsar a Pedro Sánchez por sanidad democrática y lo es también un equilibrio entre las cesiones del PP ante las exigencias de Vox y la lealtad de estos para respetar los votos populares. Bien dijo Feijóo que «un primero no puede ser el tercero», pero la salida de Sánchez necesita de la inevitable unión de la derecha.

Santiago Abascal, que presentó en Ávila a su candidato en Castilla y León, el hasta ahora presidente de las Cortes, Carlos Pollán, invoca un «cambio de rumbo» para entrar en los Gobiernos autonómicos, pero no debe tensar la cuerda al máximo no sea que se rompa. Los ciudadanos no tolerarán bloqueos que conduzcan a una repetición electoral en Extremadura o Aragón.

En el polo contrario, el verdadero enemigo de España, Pedro Sánchez, actúa de manera enojosa como si la derrota no fuera con él. Su intervención ante la ejecutiva federal produce sonrojo. Ni un atisbo de crítica frente a una Pilar Alegría abrasada, a la que pronto negará conocer.

Con toda desfachatez Sánchez se presenta como el dique de contención de la ultraderecha, en un discurso que aburre y ya no cuela, como se ha visto en estas últimas elecciones. La consigna la siguen al pie de la letra sus dos leales voceras, Montse Mínguez y Rebeca Torró, con sendas intervenciones impresentables que tratan de ridiculizar al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.

Un socialista crítico lo define muy bien: «Sánchez vive en otro planeta». En efecto, erigido sobre las cenizas de un PSOE al que, como dijo Alfonso Guerra, no le conoce «ni la madre que le parió». Un partido adoctrinado, servil y sumiso a las órdenes y gloria de un solo hombre. Ajeno a la realidad, obsesionado con seguir en la Moncloa, en su entorno trasladan que piensa aguantar hasta el otoño de 2027 para convocar elecciones generales. Otras fuentes apuntan, además, que podría hacerlas coincidir con las andaluzas de junio para intentar evitar que su candidata, María Jesús Montero, siga la estela de quemarse en la hoguera de Pilar Alegría.

Ante ello, Alberto Núñez Feijóo reclama lealtad y sentido común, mensaje que debe recoger Santiago Abascal. Están en juego las instituciones, el sentido de Estado y la misma democracia, bajo la autocracia de un presidente arropado por unos socios que solo buscan destruirlos.

Sánchez ha demostrado que no tiene líneas rojas ni se para en barras para seguir en la poltrona, véase las últimas concesiones sobre los presos de ETA autores de asesinatos de sus propios compañeros socialistas. Es hora del cambio de ciclo, de la unidad en la derecha y de mirar hacia el auténtico enemigo. Únicamente a Sánchez hay que echar de casa.




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