Garzón se moja sobre la Feria de Abril 2026 y explica por qué unos están y otros no
José María Garzón compareció en Sevilla durante más de una hora, con el tono de quien sabe que el primer examen en una plaza como esta no se pasa solo con carteles bonitos. La rueda de prensa, celebrada en el hotel Colón, fue una explicación a corazón abierto —sin solemnidad impostada— de cómo se ha levantado una temporada 2026 que es, al mismo tiempo, debut y declaración de intenciones de Lances de Futuro en La Maestranza.
Su defensa de la programación se apoyó en un equilibrio que no es eslogan: figuras para sostener el pulso del ciclo y nombres jóvenes con sitio real, además de oportunidades para novilleros con proyección. Garzón insistió en que buscó una feria “con personalidad propia”, rematada y atractiva, “fiel” a lo que exige Sevilla. Traducido al lenguaje de la calle: que el aficionado no sienta que le venden humo y que el público general encuentre razones para volver.
El contexto, además, pesaba: el empresario recordó que apenas llevan 40 días al frente de la gestión. Ese dato explica su insistencia en el esfuerzo contrarreloj y, a la vez, su promesa de método para próximas ediciones, cuando la planificación arranque con mayor antelación. No es una excusa; es un aviso. En una plaza de primera, el calendario manda y el tiempo de negociación decide tanto como la voluntad.
Donde sí bajó a tierra, con números y medidas concretas, fue en la política de abonados. Garzón situó al abonado como prioridad y enumeró incentivos: 10% de descuento en los abonos; 50% de descuento en las entradas de las novilladas sin caballos nocturnas; acceso gratuito a la Venta de Antequera y un paquete de “experiencias” (visitas al campo y curso de aficionados prácticos, entre otras). Aquí hay una idea de fondo que conviene subrayar: hacer que el abono se sienta como pertenencia y no solo como un pago anual.
El capítulo juvenil tuvo también su foco propio. Anunció un abono específico para jóvenes con un cupo aproximado de 400 abonos a 350 euros. No dio cifra cerrada de abonados totales, pero sí dejó claro el objetivo: sembrar público nuevo con una medida tangible, no con discursos. En tiempos de dispersión de ocio, la entrada del joven a la plaza no se consigue solo con cartelería; se facilita con acceso y con un relato que no subestime a quien llega.
Las preguntas más incómodas llegaron con los nombres propios. Sobre las tres tardes de Talavante y Manzanares, Garzón respondió desde la lógica empresarial: en Sevilla hay que contar con máximas figuras porque, si no, el público no acude y el ambiente se resiente. “Hay que darle gusto a todo el mundo”, vino a repetir, y ahí se entiende por qué algunos diestros multiplican presencia mientras otros quedan a una tarde o fuera. En el reverso, explicó ausencias: Diego Ventura no entra por no cerrar acuerdo económico; con Marco Pérez no se alcanzó el entendimiento tras la oferta planteada; con Sebastián Castella y El Fandi aseguró que no hubo contactos. En lenguaje claro: no todas las ausencias son castigos, muchas son negociaciones que se caen.
La televisión fue otro punto relevante por lo que implica para el modelo de negocio y la difusión. Garzón confirmó que está negociando retransmisiones de algunas corridas de la temporada, pero fijó un límite: no se ofrecerá la feria completa. Añadió un matiz interesante: ningún torero se ha negado a televisarse, aunque a unos les atrae más que a otros. Es decir, la pantalla se trata como herramienta, no como dueño del calendario.
Y cerró con dos asuntos que en Sevilla pesan más de lo que parece. Primero, la recuperación del proyecto para que los toros vuelvan a exponerse en la Venta de Antequera, con un rango de entre cinco y siete ganaderías (sin concretar aún el número final). Segundo, una promesa que aquí se mide con lupa: “se subirá un puntito” la presentación del toro. En la Maestranza, ese “puntito” no es un adorno verbal; es un compromiso que el aficionado evalúa en cuanto se abre chiqueros.
