Los decoradores están de acuerdo: si mueves el sofá 15 centímetros de esta manera, un salón pequeño parecerá más grande
En decoración, los pequeños detalles suelen marcar grandes diferencias. La forma en que se organizan los muebles, la iluminación o incluso la elección de colores puede alterar la percepción visual de una estancia. En viviendas donde los metros cuadrados son limitados, estas decisiones adquieren aún mayor importancia, ya que permiten optimizar el espacio disponible sin realizar cambios estructurales.
Los diseñadores de interiores coinciden en que la disposición de los muebles influye directamente en la sensación de amplitud de una habitación. Según expertos consultados por The Spruce, uno de los errores más comunes en los salones pequeños es colocar todos los muebles pegados a las paredes. Aunque esta estrategia busca liberar el centro de la estancia, en realidad puede provocar el efecto contrario.
El truco consiste en separar el sofá entre 15 y 30 centímetros de la pared. Este pequeño espacio crea lo que los especialistas llaman “espacio negativo”, un recurso visual que permite que el ojo humano perciba mayor profundidad y fluidez en la estancia. Al liberar ligeramente la pared, el salón parece respirar y se evita la sensación de que el mobiliario está comprimido.
Además, esta ligera separación favorece la circulación de la luz y mejora la movilidad dentro del salón, dos factores esenciales para que un espacio reducido resulte más cómodo y funcional.
La importancia de la circulación y la línea visual
Otro aspecto fundamental para ampliar visualmente un salón pequeño es mantener los pasillos despejados. Cuando existen obstáculos en las zonas de paso, el movimiento se vuelve incómodo y la habitación transmite una sensación de saturación.
Los expertos recomiendan revisar la ubicación de mesas auxiliares, sillones o estanterías que puedan bloquear la circulación. Permitir que la mirada recorra el espacio sin interrupciones contribuye a que la estancia parezca más amplia y ordenada.
Este principio se relaciona directamente con el concepto de línea visual, que consiste en evitar elementos que rompan la continuidad del espacio. Cuanto más limpia y abierta sea la perspectiva, mayor será la sensación de amplitud. La luz es otro factor determinante en la percepción del tamaño de una habitación. Un salón bien iluminado siempre parece más grande que uno oscuro, independientemente de sus dimensiones reales.
Para potenciar este efecto, los especialistas aconsejan combinar varias fuentes de luz, como lámparas de pie, de mesa o iluminación indirecta. También recomiendan aprovechar al máximo la luz natural, utilizando cortinas ligeras y colores claros en textiles y paredes. Una iluminación distribuida de forma equilibrada elimina las zonas de sombra, aporta profundidad y genera una atmósfera más acogedora.
Menos muebles, más amplitud
La elección del mobiliario también influye en cómo se percibe el espacio. Las piezas demasiado voluminosas pueden saturar visualmente un salón pequeño. Por ello, los decoradores suelen recomendar muebles de líneas ligeras y proporciones ajustadas al tamaño de la estancia.
Sustituir una mesa de centro robusta por otra más ligera o reducir el número de elementos decorativos puede marcar una diferencia notable. El exceso de objetos genera lo que se conoce como “ruido visual”, una acumulación de estímulos que hace que el espacio parezca más reducido y desordenado.
El uso del color es otra herramienta eficaz para ampliar visualmente un salón. Pintar paredes y zócalos con tonalidades similares ayuda a evitar cortes visuales, creando una sensación de continuidad que favorece la amplitud.
Asimismo, los expertos aconsejan apostar por un único elemento decorativo protagonista, como un cuadro de gran tamaño o una lámpara llamativa. Este recurso aporta personalidad sin saturar el espacio, ya que evita la acumulación de objetos pequeños que recargan la estancia.
El equilibrio entre estética y funcionalidad
Los decoradores insisten en que un salón pequeño no debe renunciar al estilo ni al confort. La clave está en encontrar el equilibrio entre estética y funcionalidad, apostando por soluciones que optimicen el espacio sin sacrificar la comodidad.
Mover el sofá unos centímetros puede parecer un gesto insignificante, pero forma parte de una estrategia más amplia basada en la distribución inteligente del mobiliario, el control de la iluminación y la reducción del desorden visual. Estas intervenciones demuestran que, en muchas ocasiones, mejorar un espacio no requiere grandes inversiones, sino una planificación cuidadosa y una mirada estratégica sobre el entorno doméstico.
