Un órdago lefebvriano para medir a León XIV
Se trata de una de las primeras encrucijadas en las que se medirá la capacidad de León XIV como negociador y como autoridad última de la Iglesia católica ante una crisis eclesial que se arrastra desde hace décadas. El envite viene de la mano de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que busca consagrar una nueva hornada de obispos, al margen de los procesos oficiales de selección establecidos por Roma y que exigen el visto bueno directo del Papa, es mucho más que un órdago. Lo cierto es que este grupo fundado por el francés Marcel Lefebvre en 1070 siempre ha estado al borde de la línea roja del cisma al negarse a aplicar las principales reformas del Concilio Vaticano II por considerarlo «neoprotestante», que se visibiliza en la celebración de la misa tridentina, en latín y de espaldas al pueblo, pero que tiene tras de sí otros elementos no menos relevantes como el diálogo interreligioso,
Según fuentes vaticanas, según cómo se reaccione a la que consideran algo más que una provocación de los lefebvrianos afectará de manera directa a los grupos tradicionalistas que conforman hoy una «creciente minoría» en la Iglesia católica, presentes en parte del clero, la vida consagrada y el laicado.
Fue el pasado 2 de febrero cuando el superior general de San Pío X, el italiano Davide Pagliarani, anunció la consagración de nuevos obispos el próximo 1 de julio. De materializarse, se repetiría el acto que llevó a cabo Lefebvre el 30 de junio nombrando a cuatro obispos. La reacción de Juan Pablo II fue la excomunión para el promotor y los cuatro sacerdotes. Eso sí, no se expulsó de la Iglesia al resto de curas y fieles ligados a este movimiento.
Desde entonces, se ha mantenido un tira y afloja con una máxima de los Papas: evitar la ruptura total de este grupo presente en cerca de 60 países, que cuenta hoy por hoy con cerca de 800 presbíteros, además de las monjas y laicos que están unidos a ellos. Benedicto XVI creó una comisión para retomar el diálogo y en 2009 acabaría levantando la excomunión para los cuatro prelados, con Lefebvre ya fallecido. El Papa alemán consideraba que estaban «ordenados válidamente, pero no legítimamente». Francisco también levantó la mano con algo más que un gesto: autorizó que las confesiones y los matrimonios oficiados por curas lefebvrianos fueran convalidados como sacramentos católicos.
Sin embargo, la mano tendida por el Pontífice argentino no parece haber sido correspondida con alguna aproximación desde San Pío X para asumir los postulados conciliares. Más bien lo contrario. A pesar del guiño de Jorge Mario Bergoglio, le han llegado a tachar de «apóstata» y «masónico» y mantienen su tesis de rechazo al Vaticano II por neomodernista.
Con este panorama, el pasado jueves, el prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal Victor Manuel Fernández, mantuvo una reunión de una hora y media con el máximo responsable de San Pío X. En el encuentro, el purpurado se mostró abierto a llegar a un acuerdo con los cismáticos, con una sola condición: dar marcha atrás en su pretensión de seguir adelante con sus nuevos obispos puesto que el Papa es «quien ostenta la suprema potestad ordinaria, plena, universal, inmediata y directa». El ultimátum de Roma no tiene margen y advierte en un comunicado de «una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma), con graves consecuencias» para el grupo.
El aviso del delegado papal no pareció asustar a su interlocutor. Y es que, a las pocas horas de la nota de la Santa Sede, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X expuso en un comunicado que decidirán en próximos días si frenan o no en sus pretensión.
Además de insistir en la necesidad de que su fundador mantenga un cara a cara con León XIV, justifican su empeño en las consagraciones episcopales en «la necesidad espiritual en que se encuentran las almas» ante una «situación actual, excepcional y temporal». O lo que es lo mismo, de los cuatro obispos ordenados por Lefebvre, dos han muerto,. por lo que precisan de un relevo generacional de mitras y báculos para ordenar a su vez a nuevos sacerdotes. El francés Bernard Tissier de Mallerais falleció en 8 de octubre de 2024, y el británico Richard Williamson –excluido de la Fraternidad en 2012, esto es, un cismático de los cismáticos–, falleció el 29 de enero de 2025. Solo quedarían vivos el suizo Bernard Fellay, de 67 años, y el español Alfonso de Galarreta, de 69.
A esta necesidad manifiesta suman otros argumentos adyacentes, comparando su situación a la de la Iglesia clandestina china, que se habría visto menospreciada por el acuerdo al que ha llegado Roma con el régimen comunista para nombrar obispos. «No se trata en absoluto de colaborar con un poder comunista o anticristiano, sino únicamente de salvaguardar los derechos de Cristo Rey y de la Tradición de la Iglesia, en un momento de crisis y de confusión generalizadas en el que estos se encuentran gravemente comprometidos», ha llegado a asegurar Davide Pagliarani.
