En
2015, con apenas 9 años,
Hugo González asistía al primer campus de un adolescente
Luka Doncic de 16 años, con una sonrisa el esloveno de oreja a oreja por hacer feliz a aquel chiquillo. Y mientras el base se podía ver en la NBA como genio precoz que había debutado ya con el primer equipo de un Real Madrid campeón de Europa, poco se podía imaginar que aquel inocente niño que ni había ingresado en la cantera blanca sería un impertinente incordio con su pegajosa defensa en el Clásico por excelencia de la NBA, el
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