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A tres meses del cruel asesinato, la familia de Cupido vive entre la tristeza y una condena que no da paz

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El 19 de noviembre de 2025, la vida cambió para siempre para la familia de Álvaro Monge Hernández, un conocido vendedor de flores de Desamparados cuyo asesinato conmocionó a la comunidad. Hoy, tres meses después, sus familiares atraviesan un duelo marcado por la depresión y la disconformidad ante la condena de 25 años de prisión impuesta al asesino de Cupido, como cariñosamente apodaban a la víctima.

“Ha sido un golpe demasiado nefasto. Estamos devastados, estamos hundidos en el dolor, en la depresión”, relató a La Nación Hazel Monge, hermana de Álvaro.

La madre de ambos, Vera Hernández, una adulta mayor con diabetes e hipertensión, enfrenta un cuadro depresivo severo tras perder a quien era su principal apoyo emocional y económico.

“Ella dice que la vida ya no tiene sentido porque él era el acompañante de ella, él la llevaba, la traía. Ha sido un proceso muy, muy difícil”, relata Hazel.

Disconformidad con la sentencia

Aunque la familia reconoce y agradece la rapidez de las autoridades, insiste en que la pena de 25 años es insuficiente. La principal crítica radica en que consideran que se descartó el cargo de robo agravado y el ensañamiento, a pesar de la brutalidad del ataque.

“Le dieron prioridad al caso y demostraron que ellos tenían un interés a que esto se resolviera, pero también muy triste y no estoy contenta con la condena que se le dio, porque se le quitó el cargo de robo agravado. Los testigos afirmaron verlo, (al homicida) sustraerse la plata de la bolsita, donde él estaba ya tirado en el suelo inconsciente”, explica Monge.

La familia también cuestiona que no se reconociera ensañamiento en el crimen. Según el dictamen forense, la víctima sufrió múltiples fracturas y colapso de órganos vitales debido a la violencia de los golpes que recibió don Álvaro, con una tapa de alcantarilla.

“Si aquí en Costa Rica se viera la pena de muerte, eso lo merecería él, porque la manera que él le arrebató la vida a mi hermano no fue justa”, agregó.

El caso fue resuelto bajo un procedimiento de flagrancia, un mecanismo expedito que se aplica cuando el sospechoso es capturado en el acto o poco después. El sentenciado, un hombre de apellidos Zamora Laguna, fue hallado culpable de homicidio calificado. Según el Poder Judicial, es la primera vez que se logra una condena por este delito bajo dicha modalidad rápida, gracias a una autopsia célere.

Un crimen por ¢8.000

El crimen ocurrió cuando Monge regresaba a su casa tras una jornada de trabajo. Se encontraba en una pulpería local, cuando el agresor le pidió dinero. Ante la negativa de Álvaro —quien explicó que el efectivo era para la comida de su madre—, se desató una discusión.

El agresor salió molesto del establecimiento, mientras Monge se disponía a levantar su carretillo para continuar el camino a casa. En ese momento, Zamora regresó y lo atacó por la espalda.

De acuerdo con la acusación judicial, el hombre utilizó la tapa de una alcantarilla de concreto para golpearlo en el rostro.

Varios menores de edad que se encontraban cerca presenciaron lo ocurrido y persiguieron al atacante cuando intentó huir. Un joven logró alcanzarlo y lo retuvo hasta la llegada de la Fuerza Pública.

Las autoridades judiciales comprobaron que el botín del asesino fue de ¢8.000.

El vacío económico y emocional

El impacto también ha alcanzado al hijo de la víctima y a los demás familiares. “Esto que pasó con mi hermano Álvaro a toda la familia nos ha afectado grandemente, a mí como hermana, a mi mamá como su madre, a mi sobrino como su hijo, a las nietitas, a los sobrinitos pequeños, a todos nos ha afectado grandemente”, relató Hazel.

La muerte de Álvaro no solo dejó un vacío afectivo. Hazel Monge tuvo que renunciar a su empleo para cuidar a su madre a tiempo completo, lo que ha sumido a la familia en una crisis financiera.

“Mis otros hermanos tenían sus respectivas obligaciones y sus cosas y entonces yo dejé mi trabajito, estamos en un momento muy difícil porque a veces hay, a veces no hay, pero Dios no abandona”, relata Hazel.

Ella explicó que la situación se ha complicado aún más porque el único tipo de empleo al que puede optar es en cocina, con jornadas extensas y exigentes. Sin embargo, no puede asumir esos horarios porque no tiene con quién dejar a su madre.

A pesar de la tragedia, la familia agradece el apoyo de la ciudadanía y del gobierno local.

“Quiero agradecer a toda la gente de Costa Rica que tocaron nuestras puertas cuando pasó esta desgracia, que todos contribuyeron con su granito de arena para que tuviera un entierro decente, para que se le pagaran todos los gastos fúnebres. Agradezco mucho a la municipalidad de Desamparados porque ellos le cedieron el nicho para que él descansara en paz por lo menos por cinco años”.

Hoy, mientras el proceso judicial cierra una etapa, los familiares de Cupido intentan reorganizar sus vidas entre las necesidades económicas y los buenos recuerdos.




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