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Más allá de las vacunas, el negacionismo llega a los tratamientos preventivos de los recién nacidos

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Abc.es 
El rechazo de los padres a que sus hijos recién nacidos reciban determinados tratamientos durante las primeras horas de vida empieza a asomarse en España. Un estudio reciente se hace eco de esta realidad en Estados Unidos, donde en los últimos años ha aumentado la cantidad de progenitores que se oponen a que sus bebés reciban inyecciones de vitamina K, un nutriente que es deficitario entre los niños al nacer y que es necesario para la coagulación sanguínea. Pero también dentro de nuestras fronteras existe preocupación entre los médicos, que advierten del peligro de estas decisiones para la salud de los lactantes. Los neonatólogos comienzan a enfrentarse a casos de rechazo a esta y otras terapias contrastadas que, aunque afortunadamente no son lo habitual, sí están cobrando fuerza en los últimos años. Aunque en España no hay estudios similares que pongan cifras a esta situación, en las maternidades ya se comenta con cierta inquietud. «Mi sensación es que hay más casos que antes. Esto era algo que se daba de forma muy puntual, que se veía de uvas a peras. De vez en cuando nos encontrábamos con algunos padres que no querían que se le administrara al bebé la vitamina K intramuscular, pero sí la aceptaban en formato oral. Pero últimamente nos encontramos casos que ni siquiera quieren esta última», expone José Ramón Fernández Fructuoso, neonatólogo en el Hospital Santa Lucía de Cartagena (Murcia). La vitamina K se conoce también como la vitamina de coagulación y se encuentra presente en verduras y hortalizas como el brócoli, las espinacas o las acelgas y en el pescado, entre otros alimentos. Los niños nacen con unas reservas muy bajas de este nutriente, que es «esencial» para la prevención de hemorragias, asegura por su parte Segundo Rite, vicepresidente de la Sociedad Española de Neonatología, por lo que su administración a los bebés forma parte del protocolo que se sigue en el tratamiento a recién nacidos, de la misma forma que por ejemplo se les realiza el cribado neonatal. Está más que demostrado, prosigue, que inocularla en las seis primeras horas de vida del niño «es una intervención segura y altamente eficaz», sostiene. La experiencia de este médico también le dice que ha habido un incremento del rechazo a esta inyección en los últimos años, que afortunadamente, considera, es «discreto». «Sí que hay cierto repunte, aunque creo que no es exagerado, no me atrevería a decir que está aumentando desproporcionadamente. En mi hospital es un tema que vivimos y que nos preocupa, pero no tenemos la impresión de que se pueda estar disparando de forma incontrolada», remarca Rite. Es una situación, coinciden los expertos, que se debería atajar para que no continúe al alza, pues las consecuencias para los recién nacidos pueden llegar a ser fatales. Hay una alternativa: la administración por vía oral. Los médicos la utilizan cuando la oposición de los progenitores a la inyección es inamovible pero ven posibilidades de que cedan a un tratamiento que no requiera un pinchazo. «Hay que informarles y decirles que el grado de protección es menor y que en lugar de una única dosis hay que dar más de recuerdo, por lo que exige que los padres se acuerden de que tienen que seguir administrándolo en el domicilio», expone el vicepresidente de los neonatólogos. Muchas veces, aseguran estos médicos, el rechazo de los padres viene dado porque, al haber nacido su hijo sano, no lo consideran necesario, «en base a una filosofía de crianza natural en la que quieren evitar intervenciones médicas», creencia con la que los profesionales quieren acabar. «El déficit de vitamina K aumenta significativamente el riesgo de que el recién nacido pueda presentar hemorragias que, aunque sean infrecuentes, pueden ser intracraneales, con consecuencias muy nefastas», apunta Rite. «Es necesaria para que el sistema de coagulación funcione. Sin ella puede haber hemorragias espontáneas, hemorragias digestivas como vomitar sangre o defecar sangre, sangrado a través de las vías respiratorias, hematomas en la piel o hemorragias intracraneales que pueden causar muerte o discapacidad», añade Fernández Fructuoso, que destaca que el riesgo de sangrado cerebral se incrementa hasta 80 veces si no se administra esa vitamina. De hecho, en la revisión estadounidense, publicada en 'Brain & Life' de la Academia Americana de Neurología, los investigadores analizaron 25 estudios con datos de dos décadas. Además del rechazo a la vitamina K, se analizó la incidencia de hemorragias por la deficiencia del nutriente y sus resultados, así como los motivos del rechazo de los padres a la inyección. Más allá de revelar un aumento en la oposición de los progenitores a este tratamiento, el estudio mostró que de los bebés que tuvieron sangrado por ese déficit, aproximadamente el 14% murieron, alrededor del 40% tuvieron discapacidades neurológicas a largo plazo, como deterioro cognitivo, convulsiones o déficits motores, y en torno al 63% tuvieron hemorragias cerebrales. Pero más allá de la creencia de que no es necesaria su administración, los profesionales se encuentran con otro tipo de motivos tras la oposición de los padres, como el negacionismo científico que deriva muchas veces en pensamientos antivacunas y que les lleva a creer que la vitamina K puede provocar enfermedades graves, como el cáncer. «Se utiliza desde los años 60 y al principio salió algún estudio que parecía que lo vinculaba con riesgo de leucemia, pero posteriormente se hicieron más estudios que descartaron del todo esa posibilidad», sentencia el neonatólogo del Hospital Santa Lucía de Cartagena. No solo ocurre con la vitamina K, aunque muchas veces quienes se oponen a uno de los tratamientos rechazan también los demás. Ocurre así con la mal llamada vacuna contra la bronquiolitis, un anticuerpo monoclonal que protege a los bebés del virus respiratorio sincitial (VRS) y que desde su inclusión en el sistema sanitario público ha reducido muy significativamente los ingresos hospitalarios de lactantes. O con la profilaxis ocular , una pomada que se pone a los bebés para prevenir la conjuntivitis. «Normalmente se rechaza al mismo tiempo, pero también hay gente que se niega solo a la profilaxis ocular pero no a la vitamina K o a las vacunas», afirma José Ramón Fernández Fructuoso. Al ponerse esta última a la par que el nutriente en cuestión, puntualiza Segundo Rite, hay progenitores que rehúsan ambas, aunque cree que en el caso del tratamiento para los ojos la negativa es menos frecuente. En definitiva, concluye el vicepresidente de los neonatólogos, la negativa a este tipo de tratamientos preventivos suele ser multifactorial y va desde querer evitar al bebé dolores por pinchazos hasta el temor a posibles efectos secundarios basado muchas veces en información errónea que se obtiene a través de las redes sociales. «Los profesionales tenemos la obligación de dar un mensaje claro a las familias. Debemos escuchar sus preocupaciones, proporcionar información clara basada en la evidencia y desmontar mitos», ratifica Segundo Rite. Y dar facilidades a las familias, agrega José Ramón Fernández, por ejemplo administrando los tratamientos mientras se lleva a cabo el momento del piel con piel si la reticencia de los padres se debe en parte a la separación del niño.



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