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Cuatro noches mágicas en la Champions League

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La UEFA Champions League comienza a entrar en la etapa favorita de todos. Esa fase donde comienzan a separarse los hombres de los niños, y las noches mágicas empiezan a hacer acto de presencia.

En esta etapa de octavos de final, vivida entre martes y miércoles, varias fueron las historias que quedaron escritas, y a continuación mostramos, en cuatro actos, como si de una obra teatral se tratase, algunos de los momentos más destacados de la semana en la Liga de Campeones de Europa.

El vuelo del Halcón Valverde ilumina el Bernabéu

Federico Valverde se vistió de depredador en el Santiago Bernabéu y, con la precisión de un halcón que divisa a su presa desde las alturas, abatió al Manchester City con tres zarpazos en apenas veintidós minutos.

El uruguayo, que no había marcado ningún gol en la presente edición de la Champions, se inventó un hat-trick para iluminar la noche madrileña y borrar de un plumazo los fantasmas de aquella derrota de diciembre ante el mismo rival.

Fue una metamorfosis completa del Real Madrid: el equipo que en diciembre esperaba atrincherado y sucumbía, esta vez saltó al césped con la agresividad del lobo que defiende su territorio, presionando la salida de balón y ejecutando con la frialdad de un asesino en serie cada llegada al área.

El primer gol, tras un saque largo de Courtois que recordó a los mejores lanzamientos de Ederson, fue una lección de desmarque y definición; el segundo, un misil raso que entró como puñal; el tercero, una obra de arte con control y vaselina incluida para sellar una noche que será recordada como el bautizo goleador del halcón en la máxima competición europea.

El Bodø/Glimt sigue sin ver las 12 de la noche

Mientras la noche ártica noruega iluminaba el Aspmyra Stadion, el equipo más fascinante de esta Champions volvió a desafiar las leyes del fútbol y los husos horarios. El Bodø/Glimt, esa Cenicienta que no termina de escuchar las campanadas, goleó al Sporting de Lisboa por 3-0 y sumó su quinta victoria consecutiva en la competición, una racha que incluye scalps de la talla de Manchester City, Atlético de Madrid e Inter de Milán.

El equipo de Kjetil Knutsen juega como una orquesta filarmónica perfectamente sincronizada: Patrick Berg dirige el tempo desde el podio, Jens Petter Hauge afila los violines por la banda y Kasper Hogh ejecuta los fortísimos como un percusionista letal.

El Sporting saltó al césped artificial con la esperanza de aguantar la embestida, pero acabó desdibujado ante la maquinaria noruega: penalti transformado por Fet, gol de Blomberg al filo del descanso y sentencia de Hogh en el 71 para dejar la eliminatoria al borde del knock-out. La vuelta en Lisboa necesitaría un milagro que ni el más optimista de los guionistas de Hollywood se atrevería a escribir.

La noche más triste del Tottenham y su portero novato

Al otro lado de ese rincón en Madrid donde un halcón alzaba el vuelo, en el Civitas Metropolitano un canario se estrellaba contra el cristal.

El Tottenham vivió en su visita la noche más amarga de la temporada, una función de terror donde el Atlético de Madrid, ese equipo que convierte los partidos en trincheras, aplastó a los Spurs con un contundente 2-5 que deja la eliminatoria sentenciada antes de la vuelta en Londres.

Pero si hubo un protagonista trágico en este drama, ese fue el joven portero de los Spurs, Antonín Kinský, un novato que debutaba en Champions con la mochila llena de ilusiones y la acabó cargada de piedras.

Cada disparo rojiblanco encontraba las redes como si un imán las atrajera, y el muchacho, con la mirada perdida de quien naufraga en aguas turbulentas, se convirtió en el chivo expiatorio de una noche donde el equipo de Igor Tudor sigue sin levantar cabeza en Premier pero resucita en Europa.

Dos groseros errores y un cambio nunca antes visto antes del minuto 20 tiñeron la noche de gris para la afición visitante, esa misma que abandonó las gradas en el descanso del último partido liguero, esta vez se quedó hasta el final, pero solo para presenciar un funeral anticipado.

Lamine, otra vez Yamal

Y cuando el reloj marcaba la hora de los milagros, apareció él. En Saint James Park, ese campo donde el fútbol se vive con la garganta y el viento del norte congela los errores, el Barcelona caía hasta que el niño gigante decidió que la función debía terminar con un poema.

Lamine Yamal, otra vez él, volvió a escribir un verso imborrable en la noche europea. Había sido un partido para el olvido del Barça, pero nunca digas nunca contra un gigante. Como el fin de semana contra los leones bilbaínos, la zurda del adolescente apareció para descoser el partido y regalarle al Barcelona un empate que da alas en la eliminatoria.

Con la misma naturalidad con la que otros niños de su edad juegan al escondite, Yamal tomó la pelota, cogió calma, miró el punto penalti, y emparejó un juego que tenía tintes de desastre.

El Newcastle, que estuvo a solo segundos de dar la campanada, se marchó con la certeza de que en Europa también hay jerarquías, y que la jerarquía del Barça, hoy por hoy, lleva el dorsal 10 y una sonrisa de niño.




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