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Las brechas del sistema antimisiles de Israel, puestas a prueba por Irán y Hizbulá

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El sofisticado sistema antimisiles de Israel, considerado prácticamente impenetrable, afronta brechas ante las tácticas de Irán y el grupo chií libanés Hizbulá: su uso combinado de misiles con bombas de racimo y oleadas de drones no solo busca saturar sus múltiples capas de interceptación, sino también explotar sus límites.

"Irán lleva tiempo trabajando en encontrar una solución para atravesarlo", explica a EFE Tal Inbar, director del israelí Centro de Investigación Espacial del Fisher Institute for Air & Space Strategic Studies. Las bombas de racimo, afirma, suponen "una victoria parcial".

Según datos del Ejército israelí, alrededor del 50 % de los misiles iraníes disparados a Israel desde el 28 de febrero llevan ojivas de racimo, diseñadas para dispersar varias decenas de submuniciones sobre un radio que puede llegar a alcanzar 10 kilómetros al ser detonadas.

Hasta 80 submuniciones por misil

Cada submunición, afirma Inbar, está hecha de acero y lleva una carga explosiva de entre 3 y 20 kilos. Algunos misiles de mayor tamaño, como el iraní 'Khorramshahr', pueden llegar a dispersar alrededor de 80 de estas bombas.

Sin embargo, el sistema antiaéreo multicapa de Israel, cuya arquitectura incluye la Cúpula de Hierro (para proyectiles de corto alcance), la Honda de David (nivel medio) y el sistema Flecha (misiles de largo alcance, incluso fuera de la atmósfera), está optimizado para detectar y destruir blancos individuales y no necesariamente para responder de forma simultánea a proyectiles dispersos.

Aparte de saturar los radares e interceptores con tantas bombas pequeñas cayendo al mismo tiempo, este tipo de carga complica la labor de los sistemas de defensa puesto que, aun si un interceptor destruye el misil en vuelo, muchas de estas pequeñas municiones siguen cayendo sobre el terreno, causando daños, pánico y estrés en la población.

La dispersión de las submuniciones significa que los daños no se concentran en un solo punto, lo que obliga a los servicios de emergencia a cubrir grandes superficies, multiplicando el esfuerzo logístico y complicando la respuesta ante cada ataque.

Además, algunas de estas pequeñas bombas no explotan al impactar, lo que genera un riesgo adicional prolongado y obliga a mantener medidas de seguridad durante días y semanas posteriores.

Así, explica Tal Inbar, esta estrategia de racimo, aunque menos destructiva que una ojiva unitaria de cientos de kilos de explosivo, permite a Irán aumentar la probabilidad de impacto efectivo sin necesidad de que cada misil llegue intacto a un objetivo estratégico. Además, idear soluciones de interceptación específicas para estos proyectiles resulta extremadamente complejo.

"El problema", explica este experto, "radica en que no podemos saber con antelación qué tipo de misil está de camino, por lo que estamos obligados a asumir que cada proyectil tiene la ojiva más pesada que Irán tiene en su inventario y actuar en concordancia".

Saturación por drones

Los drones constituyen otra de las piezas centrales de esta estrategia de saturación. Se trata de aeronaves controladas de forma remota o programadas para seguir una ruta predefinida mediante sistemas de navegación y GPS.

En el ámbito militar pueden transportar cargas explosivas destinadas a impactar directamente contra un objetivo o detonar en sus proximidades, y se han convertido en uno de los proyectiles más utilizados por la milicia chií Hizbulá en sus ataques contra Israel, ya que permiten lanzar ofensivas masivas, baratas y difíciles de anticipar.

Según explica a EFE el analista experto en seguridad internacional Félix Arteaga, Irán también intenta "emplear drones a gran escala, aunque su capacidad de saturación es menor" tras haber sido dañada su producción por ataques de Israel y EE UU.

Cada dron individual es relativamente fácil de derribar, según Arteaga, pero la combinación de cantidad, variedad y coordinación obliga a Israel a desplegar cazas y recursos adicionales, elevando el costo operativo y agotando la capacidad de reposición de las defensas.

Derribar estos aparatos, para los que no están pensadas las diferentes capas del sistema antimisiles israelí, requiere además un esfuerzo constante de planificación, alerta temprana y monitoreo del espacio aéreo, haciendo que incluso amenazas relativamente ligeras puedan generar un impacto estratégico significativo.

Refugios y disciplina, las soluciones más efectivas

Para alertar a su población de estos ataques, Israel combina sensores y redes de comunicación de su Fuerza Aérea para emitir avisos inmediatos a través de sirenas, mensajes en teléfonos móviles y aplicaciones oficiales.

Sin embargo, según recogen medios como el israelí The Jerusalem Post, durante los primeros días de las operaciones militares de Israel y EE UU contra Irán, misiles iraníes alcanzaron varios radares, lo que ha reducido el tiempo de advertencia de los sistemas de alerta temprana. Ante estas lagunas, el sistema defensivo israelí depende en última instancia de recursos de base para proteger a sus civiles: la disciplina de la población y los refugios antiaéreos.

Según detalla a EFE un oficial militar israelí, "tras años de ofensivas, nuestros ciudadanos están entrenados para acceder a refugios privados y públicos en masa tras recibir las alertas", mientras que "decenas de batallones de rescate" y "unidades de comando y control municipales" coordinan la respuesta ante cada ataque.




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