"Un Oscar a la Finalissima"
Decía el otro día el maestro José Luis Garci, capaz de recitar un antiguo combate de boxeo como si viviera en una butaca del Madison Square Garden, que el fútbol no tiene una obra maestra en el cine. Es cierto. A lo filmado le falta autenticidad, valentía y el pulso de un genio, un Scorsese que tratara al balón como un objeto que rueda hacia una alcantarilla humeante en una noche de truhanes y tacones cercanos.
