Una vez por semana, las matrimoniadas de Jiménez & Porter tenían un pase; en tira diaria, sin embargo, han terminado por encabezar la lista negra que elabora el sanchismo, que ya tenía bastante con 'El hormiguero' para que ahora vengan estos dos y le monten un pifostio de lunes a jueves. Primero fue el presidente del Gobierno quien desde la tribuna del Congreso puso al presentador de 'Horizonte' como modelo y máximo representante de esa 'bulosfera' que como los escarabajos peloteros empujan la derecha y la extrema derecha, y acto seguido fue un ministro, casualmente salpicado por la máquina del fango, el encargado de calificar de «marcianas» –en clara e inequívoca alusión a la nave del misterio que pilotan Jiménez & Porter los domingos– las sospechas que difunden los seudomedios. Una vez por semana, 'Horizonte' tenía un pase, pero en tira diaria y en formato de largo metraje se le está atravesando al Gobierno de la gente que ve 'La revuelta'. Motivos tiene el Ejecutivo, por simple instinto de supervivencia, en declarar la guerra a un programa que junto al de Pablo Motos le está haciendo una pinza de las de orear edredones. Del fango al 'hodio', novedad de la temporada sanchista primavera-verano, el magazín de Íker & Carmen lo está bordando. El edredón. Desde este lado del muro, y en cumplimiento del deber asignado por los tabicadores del régimen, no nos queda otra que romper una lanza y una catapulta por las matrimoniadas de la Cuatro , y no como acto reflejo o alineamiento frentista, sino en reconocimiento a los valores que transmite y retransmite una tertulia política que ha revolucionado el género al invitar cada noche a una cuadrilla de habladores que están siempre de acuerdo y que solo se interrumpen para apostillar, con la debida cortesía y en consonancia con lo antedicho. Debe de ser lo más parecido a ese espíritu de la Transición tan reivindicado en una era ayuna de consensos, abonada al disenso y amenizada por la gresca, en memoria de la pionera de estos aquelarres, María Antonia Iglesias. La figura del lobo solitario, figurante con frase o tonto útil –de izquierda o derecha, según se escore la mesa– que las productoras introducen en sus tertulias para darles apariencia de pluralidad y proporcionar un 'sparring' a los cabezas de cartel, boxeo con cabestrillo, no tiene cabida ni hueco en una balsa de aceite cuya superficie, siempre calma, es una provocación para los guionistas del pluralismo de ficción y de batalla.