La policía de Ohio interviene ante el uso masivo de bocinas contra Tesla
El conflicto que enfrenta a un grupo de manifestantes ante la sede de Tesla en Lyndhurst, Ohio, ha dado un giro inesperado hacia el terreno de la normativa municipal de ruidos. Tras cincuenta y siete semanas consecutivas de concentraciones frente al centro de servicio de la firma de Elon Musk, la paciencia de las autoridades locales y de los residentes cercanos parece haber llegado a su límite, no por el contenido de las protestas, sino por el estruendo que las acompañaba. Durante más de un año, la táctica principal de los activistas consistía en alentar a los conductores que circulaban por Mayfield Road a tocar sus bocinas en señal de apoyo a sus reivindicaciones contra las políticas laborales de la empresa. Sin embargo, lo que los manifestantes consideraban una muestra de solidaridad ciudadana terminó convirtiéndose en un problema de orden público. Ante el aluvión de quejas vecinales por el ruido incesante, la alcaldía de Lyndhurst ha tomado medidas drásticas mediante la creación de zonas restringidas para el uso del claxon. La intervención municipal ha incluido la instalación de carteles oficiales que señalizan una «Zona de Silencio» en los alrededores del concesionario, donde el uso de la bocina queda estrictamente prohibido salvo en situaciones de emergencia real. Para asegurar el cumplimiento de esta norma, la policía local ha comenzado a interceptar a los automovilistas que se suman al estruendo, emitiendo advertencias y preparando el terreno para posibles sanciones económicas. Esta presión policial ha obligado a unos cuarenta y cinco manifestantes a desplazar su protesta situándose ahora frente al Ayuntamiento y el Departamento de Policía en un intento de eludir las restricciones específicas de la zona donde se encuentran las instalaciones de Tesla. A pesar del movimiento geográfico, Janos Jalics, uno de los participantes activos en la protesta, ha expresado a Bloomberg su frustración ante lo que considera «una limitación extraña de su capacidad de acción» lamentando que se les impida generar ruido incluso en áreas donde anteriormente se les permitía estacionar. Por su parte, el gobierno de Lyndhurst sostiene que estas acciones no buscan suprimir el derecho a la libre expresión o la crítica política hacia la compañía de vehículos eléctricos, sino que su prioridad absoluta es proteger el bienestar y la tranquilidad de los residentes frente al ruido indiscriminado. Las autoridades ya han advertido que, si el problema persiste en la nueva ubicación, la ordenanza de ruidos se aplicará con la misma rigurosidad en todo el municipio.