Los inversores extranjeros pierden confianza en España y la inversión se hunde un 22%
Publio Ovidio Nasón (43 a.C.-17 d.C.) ya advirtió hace más de dos mil años que «en asunto de grande importancia, la confianza suele venir muy lentamente». España, tras la Gran Recesión de finales del primer decenio del siglo XXI, que llevó a Rajoy a la Moncloa y luego tras el impacto de la pandemia, había recuperado credibilidad internacional, que se traducía en el aumento de las inversiones extranjeras. El pico, con 57.545 millones de euros, se alcanzó en 2018, el último año de Rajoy en el Gobierno y los primeros meses de Sánchez. Al año siguiente, ya con el Gobierno de coalición PSOE-Podemos, se hundió hasta los 24.550 millones de euros. Desde entonces y, tras la pandemia, ha habido una recuperación hasta los 39.351 millones de euros, todavía muy lejanos de las cifras de 2018, pero un paso adelante. El nuevo golpe, sin embargo, llegó el año pasado, cuando la inversión extranjera volvió a hundirse nada menos que un 22%, para quedarse en 30.746 millones de euros y ahora, con la crisis de Irán de por medio, existen muchas dudas sobre qué va a ocurrir este año.
Los países de la Unión Europea y los Estados Unidos son los que más invierten en España y no está claro qué es lo que vaya a ocurrir en este ejercicio con el flujo de fondos estadounidenses que solían llegar a España. Madrid acaparó, con 15.970 millones de euros, más de la mitad de la inversión extranjera en España en 2025, seguida de Cataluña, con 4.510 millones. Quizá por eso, las caídas más llamativas se hayan producido en ambas comunidades, nada menos que un 40% en Madrid y un 14% en Cataluña. Destaca el interés inversor por Aragón como lugar de futuros grandes centros de datos, al reclamo de sus espacios abiertos y buenas comunicaciones. De hecho, en 2025, con 3.387 millones, fue la tercera comunidad receptora de fondos foráneos. No obstante, en el desplome de la inversión extranjera el factor más importante puede ser una pérdida de confianza generalizada en el país ya que, a pesar de los buenos datos macro, sigue sin haber presupuestos, la seguridad jurídica está en duda y la deriva populista, en muchas ocasiones de extrema izquierda del Gobierno, preocupa. Y el problema es que «la confianza suele venir muy lentamente», ya decía Ovidio.
