Guinda a Mette Lykke impulsora de un proyecto para reutilizar alimentos
La lucha contra el desperdicio alimentario suma un nuevo aliado en España. La directiva de Too Good To Go, la danesa Mette Lykke, ha celebrado la entrada en vigor de la nueva ley española contra el despilfarro, que obligará a empresas y grandes superficies a adoptar medidas concretas para reducir la pérdida de alimentos.
Desde la sede de la compañía en Copenhague, Lykke —de 45 años y al frente de una de las start-ups más exitosas de Europa— subraya a El País carácter estructural de la normativa: “España es el tercer país europeo en aprobar una ley de este tipo. Es un cambio profundo que obligará a las grandes superficies a colaborar con organizaciones sociales para donar alimentos y a contar con planes claros para reducir el desperdicio”.
Su empresa, considerada un “unicornio” del ecosistema tecnológico, se ha convertido en una de las principales herramientas globales contra este problema. La plataforma conecta restaurantes y supermercados con consumidores dispuestos a adquirir excedentes a precio reducido. Actualmente opera en 21 países, cuenta con 130 millones de usuarios y ha logrado rescatar más de 500 millones de comidas.
Para Lykke, el desperdicio alimentario es una de las grandes paradojas del siglo XXI. “Se desperdicia el 40% de los alimentos producidos en el mundo”, recuerda, una cifra que además genera cerca del 10% de las emisiones globales.
La dimensión del problema trasciende lo ambiental. “Desde el punto de vista social, producimos suficiente comida para todo el mundo y, aun así, cientos de millones de personas se acuestan con hambre”, señala. A ello se suma el impacto económico: alimentos en buen estado valorados en aproximadamente un billón de euros se tiran cada año.
“Es escandaloso y uno de los problemas más absurdos que tenemos”, concluye.
La nueva legislación llega en un contexto especialmente relevante: en España se desperdician varios millones de toneladas de comida al año. La norma pretende cambiar esa tendencia mediante obligaciones concretas para el sector alimentario, desde la donación de excedentes hasta la planificación de estrategias de reducción.
Para iniciativas como Too Good To Go, la regulación supone una oportunidad para consolidar un modelo que combina tecnología, consumo responsable y sostenibilidad. Pero, como advierte su directora, el verdadero desafío no es solo normativo: “Algo debe cambiar”.
