La exposición de los bancos europeos a la Guerra de Irán alcanzaría los 278.000 millones
La exposición de los bancos europeos al conflicto bélico en Irán será «limitada» si las tensiones geopolíticas no se prolongan demasiado en el tiempo. Sin embargo, si los tipos de interés aumentan para contener la inflación y el crecimiento económico se ralentiza por la guerra, la menor demanda de crédito podría lastrar el volumen de negocio de los bancos y se vería afectada la calidad de los activos. En concreto, la exposición de las entidades supervisadas por el Banco Central Europeo (BCE) a las tensiones en Oriente Medio se colocaría en torno al 1% de sus activos totales, que fueron de 27,8 billones de euros en septiembre de 2025, los últimos datos oficiales contabilizados, lo que significaría que estarían afectados hasta 278.000 millones de euros.
Así lo constata la agencia de calificación Scope Ratings, que ha publicado un análisis financiero sobre las posibles consecuencias de la guerra en Irán en los bancos europeos, en el que pone el foco en que las entidades bancarias «son vulnerables a los efectos de contagio si el conflicto se agrava aún más o se prolonga», ya que provocaría una subida exponencial de los precios de la energía y la «volatilidad del mercado mayorista», lo que «debilitaría el crecimiento económico en Europa y elevaría los costes de financiación de los bancos», que serían más elevados, aunque ninguno de estos supuestos se ha incorporado todavía al escenario actual ni a las perspectivas base a corto plazo.
El BCE ya ha anunciado que, entre sus prioridades supervisoras para el ciclo 2026-2028, se encuentra «reforzar la capacidad de resistencia de las entidades frente a los riesgos geopolíticos y las incertidumbres macrofinancieras», lo que supone mantener unos criterios de concesión de crédito sólidos, una capitalización adecuada y una gestión prudente de los riesgos relacionados con el clima y la naturaleza. Como parte de esta labor, el BCE llevará a cabo en 2026 una prueba de resistencia inversa para identificar escenarios de riesgo geopolítico específicos para cada banco que pudiesen afectar gravemente a su posición financiera. También recuerda que si bien los colchones de capital y de liquidez de las entidades se sitúan muy por encima de las exigencias regulatorias y su rentabilidad es elevada, las perspectivas de estabilidad financiera a medio y largo plazo se han vuelto mucho más inciertas.
Aunque Scope Ratings es menos optimista y alerta de que una crisis prolongada de las economías de Oriente Medio podría tener implicaciones directas para la calidad de los activos y la rentabilidad de «algunos bancos europeos» con vínculos comerciales en Oriente Medio, ve «poco probable» que se convierta en un «factor sistémico determinante para la calificación del sector bancario europeo en conjunto», ya que reconoce que la exposición de los bancos europeos a Irán es «insignificante» y la implicación directa a otros países de la región «se concentra en deuda soberana y posiciones en derivados, que son reducidas».
Además, la agencia calificadora advierte de que la respuesta de bancos y gobiernos no podrá ser la misma que se llevó a cabo en 2022, con la invasión de Ucrania por Rusia, en la que se apostó por una respuesta monetaria más restrictiva para hacer frente a la crisis energética, porque ahora los gobiernos «disponen de menos margen fiscal al estar muy endeudados, y las recientes medidas para reforzar las capacidades de defensa han absorbido su margen fiscal en general». Considera que una política monetaria similar se traduciría en «betas de depósitos más altas y, por lo tanto, en un menor apoyo a los márgenes de interés por parte de un nuevo ciclo de subidas de tipos» dado que el endurecimiento cuantitativo «ya ha drenado el exceso de liquidez del sistema bancario».
Respecto a la calidad de los activos, Scope Ratings considera que los bancos más vulnerables serían los que están más centrados en la concesión de préstamos a empresas que dependen de manera significativa del petróleo y el gas para su producción, como el químico, el metalúrgico y minero, el farmacéutico, el textil, el maderero y papelero, y el transporte.
