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Errores antes y durante la guerra

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Adam Smith (1729-1790), padre de la economía moderna y, en cierta medida, del liberalismo, defendía que «el único presupuesto bueno es el presupuesto equilibrado». Acaba de celebrarse, en España sin pena ni gloria, el 250 aniversario de la publicación de «Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones». Es el texto seminal del liberalismo, por supuesto, mucho más citado que leído, como ocurre también con la idolatrada «Teoría general del empleo, el interés y el dinero» de John Maynard Keynes (1883-1946), quizá los dos economistas más influyentes de la historia moderna. Hay más coincidencias de las que creen algunos entre las teorías de ambos, pero también diferencias notables, sobre todo en lo del presupuesto equilibrado y en el gasto. Pedro Sánchez, que no tuvo más remedio -por muy de pasada que fuera- que estudiar a Smith y Keynes, y María Jesús Montero, su hasta la semana pasada ministra de Hacienda, no han sido -«por sus hechos los conoceréis»- muy partidarios de equilibrar los Presupuestos, más bien lo contrario. El que tampoco hayan presentado las Cuentas del Estado en los últimos años -algo insólito en una democracia- no cambia nada. Desde que Sánchez arribó a La Moncloa, con la excepción del año de la pandemia, los ingresos fiscales han crecido de forma casi exponencial para lo que son los asuntos de Hacienda, lo que no ha impedido que el déficit público se haya mantenido algo más contenido, pero ahí sigue. Al mismo tiempo, la deuda pública, en términos absolutos, también se ha disparado en nada menos que medio billón de euros. Incluso Keynes era partidario de ajustar las cuentas en tiempos de bonanza.

Carlos Cuerpo, nuevo vicepresidente primero del Gobierno, y Arcadi España, sucesor de Montero al frente de Hacienda, tienen que apechugar, digan lo que digan, con una herencia complicada y, sobre todo, deberán intentar enmendar los errores, obvios, de los últimos años. Todo, claro, si el inquilino de La Moncloa lo permite y lo considera oportuno para sus intereses electorales, algo que no parece probable, ya que nadie espera que se lance a un control y reducción del gasto. España ha vivido, en los últimos años, un periodo excepcional para el fisco, que ha visto cómo sus ingresos aumentaban desde 2018 en más de 200.000 millones de euros, gracias a la confluencia de varios factores. En primer lugar, a pesar de un aumento de la inflación de alrededor del 20% en ese periodo, las tarifas del IRPF no han sido deflactadas -actualizadas-, lo que en la práctica representa una subida impositiva notable. Por otra parte, el incremento de la actividad económica, el PIB, que se ha beneficiado de la incorporación de más de 1,5 millones de emigrantes, ha generado también más recaudación, tanto por la imposición personal como por la del consumo -IVA- y la de sociedades.

El aumento de los ingresos fiscales no se ha dedicado, salvo en una parte mínima, a sanear las cuentas públicas. La opción del Gobierno, jaleado por sus socios, primero encabezados por Pablo Iglesias y luego por Yolanda Díaz, ha sido la de gastar y gastar cada vez más. Los números no mienten y, desde que Sánchez llegó a La Moncloa, el gasto público consolidado ha crecido cerca de 250.000 millones y, como las cuentas no cuadraban, el país ha tenido que endeudarse también cada vez más. De hecho, la deuda pública en circulación ha crecido en 500.000 millones en la era sanchista y ya es imprescindible para pagar las pensiones y la sanidad, porque los aumentos de recaudación no son suficientes. En resumen, como escribe el economista socialdemócrata José Carlos Díez, «los españoles nunca hemos pagado más impuestos y nunca hemos estado tan endeudados y hemos necesitado emitir más deuda pública».

El problema, ahora, es que la guerra de Trump en Irán supone un cambio brusco de escenario, al que hay que hacer frente de otra manera. La orgía del gasto no será sostenible porque los ingresos fiscales caerán y porque será más difícil y más caro endeudarse. España no ha hecho los deberes, de deuda y déficit, en tiempos de vacas flacas, y corregir los errores será más difícil y doloroso, sobre todo si además se impulsa, bajo la coartada de la protección social, el consumo de carburantes. Valdis Dombrovskis, comisario de Economía de la Unión Europea, ya ha advertido de que ahora «hay menos margen fiscal» -es decir, de gasto- que en las últimas crisis. Significa, en roman paladino, que si el conflicto de Irán se prolonga, habrá medidas de ajuste porque, le guste o no a Sánchez, las únicas cuentas posibles son las equilibradas, como pensaba Smith.

Aumenta la presión para la prórroga de la vida útil de las centrales nucleares

La ministra para «Transformación ecológica y reto demográfico», en otros tiempos «Industria», Sara Aagesen, sigue con la patata caliente encima de la mesa de la prórroga de la vida de la central nuclear de Almaraz.Ahora, la presión aumenta porque las eléctricas Iberdrola y Endesa reclaman la prórroga de la central de Ascó, en Cataluña, algo que el PSC y los «indepes» ven con buenos ojos. El cierre de Almazar y la continuidad de Ascó no sería fácil de defender para el Gobierno.

La deuda pública americana se disparará incluso por encima del 200% en 2048

Estados Unidos tendrá que afrontar un déficit de unos 80 billones de dólares en los próximos 75 años,según el «Informe financiero del Gobierno de los Estados Unidos», que elabora el Departamento del Tesoro. Calcula que la deuda pública pasará del actual 102% del PIB al 200% en 20418 y al 576% en 2100, siempre que no se adopten medidas que, por ahora, ninguna Administración parece tener entrre sus objetivos. El déficit, claro, procede sobre todo del sistema de pensiones y de la sanidad.




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