Un voto con esperanza: derecho y deber, por Julissa Mantilla
En una semana, y luego de cinco años nefastos, volveremos a tener la oportunidad de elegir nuevas autoridades, cerrando así una primera etapa electoral ya que seguramente nadie ganará en primera vuelta y volveremos a las ánforas en unos meses.
Una cédula electoral enorme, agrupaciones que son capaces de prometer lo imposible sin ningún pudor, debates que se volvieron fuentes de memes y tik toks, y un país cuya institucionalidad ha venido cayéndose a pedazos hace muy difícil ir a votar con entusiasmo.
Sin embargo, me niego a caer en el cinismo de votar sin pensar, resignados a que nada va a cambiar y renunciando a nuestro derecho y deber de elegir responsablemente.
Para ello, debemos recordar que el Congreso —uno de los peores de la historia— no fue impuesto sino que es el resultado de nuestros votos, de habernos informado o no de los antecedentes de los candidatos, de haber utilizado el voto preferencial con conciencia o sin pensarlo, de haber analizado con detenimiento las promesas electorales confrontándolas con la realidad o de no habernos enterado del tema. Y de esto tenemos que hacernos cargo.
No es mi intención promover alguna candidatura en particular sino extenderle una invitación: Antes de votar, analice cuáles son sus principios, qué trata de enseñarle a sus hijos en cuanto a decencia y valores y en qué país quisiera vivir. Y luego de tener esto claro, mire nuevamente las candidaturas presidenciales y de senadores y diputados. Probablemente, no encontrará a algún candidato o candidata que lo represente completamente pero seguramente podrá desechar a aquellos a quienes no quisiera nunca en su vida ni en su familia.
Mis prioridades son el respeto a los derechos humanos, la lucha contra la violencia hacia la mujer y las niñas, la ética, la seguridad y el combate a la desigualdad, la pobreza y la corrupción. Y créanme, he decidido ya por quién votaré con esperanza, memoria y compromiso. Espero que tú puedas hacer lo mismo.
