Una película profética de Sidney Lumet: “Poder que mata”
Network/Poder que mata es una película de 1976. Su director, el estadounidense Sidney Lumet (1924-2011), es de los pocos que mejor supo explotar los complejos dilemas morales de su tiempo. Días atrás me reencontré con esta película, que la tenía algo borrosa en la memoria, a la que podríamos catalogar de profética.
El contexto de Poder que mata es muy parecido al actual. Hay terroristas a nivel global, se habla de bombas nucleares y los discursos sociales no están ausentes; no hay teléfonos móviles, pero sí muchos televisores encendidos y teléfonos que no dejan de sonar.
En este escenario, la cadena de televisión UBS es una de las protagonistas. Toda la trama se mueve en función de los destinos de este medio de comunicación. Uno de sus trabajadores, el conductor del noticiero nocturno Howard Beale (Peter Finch), es despedido por baja audiencia. Beale aún tiene dos semanas de trabajo por delante, pero a la siguiente edición del noticiero anuncia que se va a suicidar. Los ejecutivos se escandalizan, pero le dan la oportunidad de irse con dignidad. Beale es una figura pública de la televisión que merece despedirse por todo lo alto, pero en lugar de hacerlo de esa manera, se dedica a criticar todo lo que está mal, empezando por los gobernantes de turno. Su frase “¡I´m as mad as hell and i´m not going to take this anymore!” retumba en el estudio y en los hogares que observan atónitos al conductor enfurecido. Beale se ha convertido en un Savonarola. Y toda la ciudad de Nueva York se une a la indignación de Beale. Entonces, ocurre el milagro: la audiencia se dispara a las nubes.
Cuando a Beale se le anunció su despido, su salud mental se quebró. Pero los ejecutivos, en lugar de ayudarlo, le dan un programa propio. Y en esta interacción resultan claves Diana Christensen (Faye Dunaway) y Frank Hackett (Robert Duvall), que le otorgan carta libre a Beale hasta que se pasa de la raya y es llevado donde el dueño de la UBS, Arthur Jensen (Ned Beatty). El monólogo de Beatty es una obra maestra del cinismo. Le dice, principalmente, que no importa la verdad, sino el dinero, que el dinero es lo que mueve al planeta.
A los personajes que acompañan a Beale, sumemos a Max Schumacher (William Holden), el único que se preocupa por el estado de Beale. Con este puñado privilegiado de actores, Lumet forjó una metáfora brutal sobre la degradación del ser humano, que sirve y es apreciado siempre y cuando sea útil. Poder que mata anticipa a la posverdad y la universalidad de su tópico lo lleva más allá de ser una representación del amarillismo de los medios de comunicación. Por ejemplo, en Poder que mata están las pautas que definen la dinámica del mundo paralelo de las redes sociales. En Mubi.
