Juan Alejandro González y proyectos contra la violencia escolar: «Construyen una sociabilidad autoritaria y de desconfianzas»
El ingreso de dos proyectos de ley para enfrentar la violencia en establecimientos educacionales —uno orientado a endurecer sanciones penales y otro que incorpora medidas preventivas como revisiones a mochilas y mayor control— abrió un intenso debate político y educativo. En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, el doctor en Filosofía de la Universidad de Chile, Juan Alejandro González, advirtió que estas propuestas podrían profundizar la desconfianza, deteriorar el vínculo entre docentes y estudiantes y agravar los conflictos al interior de las comunidades escolares, en lugar de resolverlos.
González, quien también investigador y especialista en psicología educacional, analizó críticamente el enfoque de las propuestas del Gobierno, alertó sobre sus posibles efectos en la convivencia escolar y en las dinámicas sociales al interior de los establecimientos.
“Estas medidas o políticas de seguridad escolar (…) tienen su origen en el mundo anglosajón, particularmente en las medidas que se tomaron después del 11 de septiembre de 2001”, explicó, situando el origen de estas estrategias en contextos de seguridad nacional marcados por el control del espacio público y la prevención de amenazas. Según indicó, estas lógicas de vigilancia se trasladaron posteriormente a otros ámbitos, incluyendo el sistema educativo.
El académico sostuvo que la evidencia internacional respecto a estas estrategias muestra resultados poco alentadores. “Ninguna de estas medidas tuvo muy buenos resultados”, afirmó.
Apoderados retirando a sus hijos y escolares en colegios.
Manuel Lema/Aton Chile.
Agregó que en países como Estados Unidos o Inglaterra su implementación se concentró principalmente en escuelas ubicadas en sectores vulnerables. “Fueron escuelas fundamentalmente de población más marginada, donde se requería más bien un control de carácter discriminatorio”, advirtió.
En ese sentido, González planteó que este tipo de políticas no solo resultan ineficaces, sino que además pueden agravar los problemas que buscan resolver. “Generan un clima de control y vigilancia que atenta contra el vínculo afectivo, amoroso, necesario que tiene que haber en toda escuela”, sostuvo. A su juicio, esto impacta directamente en la calidad de las relaciones educativas, debilitando la confianza entre docentes y estudiantes.
“Se genera una mayor distancia entre profesores y estudiantes, malos climas de colaboración, incluso más disrupción y más indisciplina, por lo tanto, más violencia. Es como apagar el fuego con benzina”, enfatizó especialista en psicología educacional.
Asimismo, el investigador advirtió que el actual debate ha tendido a simplificar un problema complejo. “Los problemas de desigualdad, la falta de financiamiento de la educación pública y la segregación de nuestro sistema educativo quedaron en el olvido”, señaló e indicó que estos factores estructurales son determinantes para comprender los fenómenos de violencia en contextos escolares.
Estudiantes de media ingresando al colegio. Foto: Aton.
En esa línea, explicó que muchos de los episodios más graves ocurren en establecimientos altamente segregados. “Son escuelas marginalizadas, con pocos recursos, que atienden a poblaciones con múltiples conflictos entonces evidentemente en esas escuelas van a ocurrir hechos de violencia”, indicó.
El académico también criticó la tendencia a individualizar las causas del problema. “Se termina patologizando a los jóvenes y psicologizando un problema que es educativo, social y estructural”, afirmó. Así, alertó sobre los riesgos de estigmatización, especialmente en el caso de estudiantes con ciertas condiciones: “Hoy incluso se está casi criminalizando a estudiantes que están en el espectro autista”.
Otro de los puntos que relevó fue el impacto de estas políticas en la transformación de la vida escolar. Según explicó, en las últimas décadas se han producido cambios en la sociabilidad dentro de los establecimientos, vinculados a procesos como el movimiento estudiantil. “Lo que creemos que se pretende hacer es construir una sociabilidad autoritaria, una sociabilidad sin vínculos, fragmentada, de desconfianzas”, sostuvo.
En tanto, González alertó que existe una contradicción de base en las iniciativas. “Lo punitivo no puede convivir con lo preventivo (…) en general no conviven”, señaló. A su juicio, enfrentar la violencia escolar requiere una mirada integral que aborde tanto la convivencia como las condiciones estructurales del sistema educativo.
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