Aún rueda el trueno de polémica por el premio literario AENA , que pone un laurel de un millón de euros al autor premiado, que en este caso ha sido autora. Yo veo que la polémica no está en la cuantía esplendorosa del galardón, donde el gentío se ha engarfiado, sino justamente en lo contrario: en la pobreza que domina la existencia del escritor. De esto ya se ha hablado poco, o nada. Un premio de pasta o pastizal nos escandaliza porque en la república de las letras no hay nunca un euro. El escritor, en España, es un pobre, pero un dolido pobre de seca solemnidad, sólo que un pobre que va al Palace de cuando en cuando si...
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