Decía Isabella Rossellini , tercera esposa de Martin Scorsese , en el último documental sobre el director neoyorquino, que el cineasta «es un santo porque pregunta (y se pregunta) constantemente sobre el bien y el mal, para luego actuar mal, a menudo, en la vida real». La fe ha atravesado la vida y obra del director desde que un asma le condenó a vivir mirando la vida de otros desde su ventana. Con una infancia hiperprotegida en Little Italy, en la que sus padres solo le permitían salir para ir al cine o a la iglesia, ambas han corrido en paralelo en su trayectoria y, en ocasiones, han sido lo mismo. De su otro refugio, la religión, habla en 'Martin Scorsese presenta: Los Santos', una mirada a las grandes figuras del cristianismo que estrena este lunes Canal Historia, una serie renovada para una segunda temporada en la que el cineasta revisita las historias de personajes como Juana de Arco, San Juan Bautista, San Sebastián, Francisco de Asís o María Magdalena. «Creo que hay espiritualidad en las películas, aunque sea una fe sustitutiva», aseguró el director en una ocasión. El cine y la vida, como una cuestión de fe. Un viaje espiritual en el que lleva embarcado desde su primer largometraje, '¿Quién llama a mi puerta?', en el que explora la moralidad a través de un hombre perdido entre sus convicciones religiosas y una liberadora experiencia sexual. Una disputa similar a la que abordó en 'Malas calles', que oscila entre la autenticidad documental de Scorsese como testigo de los estercoleros de la ciudad y una atmósfera febril cercana al delirio en la que el protagonista se debate entre prosperar en la mafia o refugiarse en el catolicismo. Como él mismo. La iconografía religiosa está muy presente en su filmografía, desde simples detalles como cuando Travis Bickle esboza una cruz en una bala como en la multitud de posturas de personajes de sus títulos que recuerdan a Jesucristo en la cruz. En 'Silencio', retrató la cruzada de los misioneros jesuitas en Japón- A la menor oportunidad, Scorsese desliza versículos del Evangelio, como en 'Toro salvaje': «Solo sé esto: una vez fui ciego, y ahora puedo ver». Tachado de pagano, de hereje, por atreverse a rodar su visión 'mundana' del hijo de Dios en 'La última tentación de Cristo', la culpa, la redención, las doctrinas se repiten casi tanto como las voces en 'off', que a menudo suenan en su cine como una letanía. «No veo realmente un conflicto entre la Iglesia y las películas, lo sagrado y lo profano; creo que hay espiritualidad en las películas, aunque sea una fe sustitutiva», reconoció en el documental 'A personal journey with Martin Scorsese throught American movies'. El cine, siempre, como una cuestión de fe, y su fe, presente hasta en la violencia más sangrienta, redimiendo a los pecadores a los que sigue con la cámara.