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Periodista deportivo cuenta cómo dejó el licor: ‘Me tomaba hasta 24 cervezas diarias’

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El periodista y organizador de eventos deportivos, Rafael Castro González, narró en su página de Facebook cómo dejó de tomar licor hace 17 años gracias al atletismo, lo cual le abrió las puertas en el mundo de las comunicaciones.

El comunicador, quien laboró en Radio Monumental, el extinto Canal 2 y estuvo al frente del departamento de prensa del equipo de ciclismo Pizza Hut a finales de los años 90 y principios de los 2000. Actualmente colabora con la Fundación Rahab, la cual se dedica a desenmascarar la trata de personas y la explotación relacionada con la prostitución.

Rafael comentó que el 17 de abril es una fecha muy significativa para él, pues además de que dejó de tomar licor, en esa fecha también falleció su madre, además su esposa, Krissia Rosales, cumple años. En un texto muy emotivo, narró su historia.

“De las tres cosas que un 17 de abril me marcaron, está una que Dios hizo que mi vida cambiara. Con 17 años mi vida era muy compleja; empecé a estudiar de noche y trabajar de día. Eso hizo que con mis compañeros de trabajo conociera el licor. La verdad, joven, con dinero y tras haber terminado con una novia, fue un mal cóctel”, narró Castro en su Facebook.

Posteriormente confesó: “Me descontrolé mucho, al punto de llegar a tomar hasta 24 cervezas por día. ¿Increíble, verdad? Pasé varios meses así y fue muy lamentable. Mis compañeros no me obligaban; yo iba. Pasaba en el Bar La Fiesta o en Las Tinajitas, que estaban por el Condominio Las Américas”.

El comunicador recordó que un 16 de abril de 1983 iba a un bar, cuando le llamó la atención una muchacha que estaba en un negocio, muy parecida a su exnovia.

“Medio ‘tapis’ entré al negocio y me le paré al frente, y ella me dijo: ‘¿Viene a inscribirse a la carrera?’. Yo no entendía nada y dije que sí; me pidió la cédula y me la devolvió con un mapa y un número”, explicó Castro.

“Doblé el número en cuatro, lo puse en la bolsa de atrás del pantalón y me fui a tomarme unas birras. No sé la razón, pero ese día me fui temprano para la casa, como a las 11 p. m. A las 7 a. m. del domingo me desperté y junto a mi cama estaba el número de la carrera, sin saber cómo”.

Rafael Castro solo recuerda ponerse una pantaloneta, unos tenis y salir hacia la Plaza de la Cultura para competir en el evento que iniciaba a las 10 a. m.

“Veía a la gente que calentaba; yo no lo hacía por el malestar de las birras y bocas de la noche anterior. Faltando como 15 minutos para salir, me dio hambre, compré dos tajadas de piña y me coloqué en la línea de salida. Estuve al frente los primeros 300 metros y, por el edificio de la Caja del Seguro, me hice a un lado a vomitar todo lo que había comido”, aseguró Castro.

Sintiéndose mal, avergonzado, casi descompuesto, el “atleta” recordó cómo dos adultos mayores lo alentaron a continuar, a no darse por vencido y seguir en competencia.

“Empecé de nuevo, me sentía terrible, pero logré pasar a siete personas y, después de un increíble martirio, llegué a la meta con una hora y media de tiempo. No había medalla, menos frutas; hasta el arco de meta lo estaban bajando”, añadió Castro.

Sin embargo, a pesar de la amarga experiencia, ese día empezó una nueva “adicción”.

“Increíblemente me gustó, me encantó, y allí mismo me dieron un volante de la Clásica Santa Ana. A los 15 días, desde ese 17 de abril de 1983, no volví a tomar licor. Solito lo decidí. El atletismo, tiempo después, cambió mi vida profesionalmente. Pero esa historia la cuento después”, concluyó Castro.




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