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La noche que Oscar Schmidt desafió a Drazen Petrovic

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En 1989, el baloncesto europeo tenía tres competiciones: la Copa de Europa, la Recopa y la Copa Korac. En la segunda, la que enfrentaba a los ganadores de las copas nacionales de la temporada anterior, el título se lo jugaron en el Palacio de la Paz y la Amistad de Atenas el Real Madrid y el Snaidero de Caserta. En los italianos la estrella era Oscar Schmidt Bezerra. En el Madrid, Drazen Petrovic pese a que el protagonismo del croata no hacía ninguna gracia a muchos de sus compañeros de equipo.

El 14 de marzo de 1989 si no se vivió la mejor final de una competición europea de baloncesto estuvo muy cerca. Oscar hizo 44 puntos, aunque el Madrid ganó en la prórroga por 117-113. Al descanso el marcador ya reflejaba un escandaloso 60-57 en un tiempo de 20 minutos, nada de cuartos. Los números de la final fueron un escándalo. Petrovic anotó 62 puntos en 45 minutos. No descansó un segundo. Hizo 12/14 en tiros de dos; 8/16 en triples y 14/16 en tiros libres. A esa burrada respondieron Oscar Schmidt Bezerra con 44 puntos en 42 minutos y Ferdinando Gentile con 34 en 42 minutos.

El equipo patrocinado por la empresa de cocinas Snaidero para meterse en la final había remontado la desventaja de dos puntos que traía de Kaunas donde se había medido al Zalgiris. El equipo estaba construido en torno a Oscar y este respondía con una exhibición anotadora tras otra. En la Lega rozaba los 40 puntos por partido y esa facilidad anotadora la trasladó a la final de la Recopa.

El Sporting Club Juvecaserta vivía su época dorada y presentó en la final un quinteto inicial de campanillas con los internacionales "azzurri" Gentile, Esposito y Dell’Agnello más una pareja de extranjeros galáctica conformada por el búlgaro Giorgi Glushkov, primer europeo que jugó en la NBA sin haberse formado en una universidad americana, y el brasileño Oscar. El alero se destapó con una de sus actuaciones habituales: 44 puntos, más de un 50 por ciento de acierto en triples y 16 de 17 en tiros libres.

Con sus 2,05 de altura y una facilidad para armar el brazo asombrosa, Oscar era durante muchos tramos de los partidos un jugador sencillamente indefendible. Con 13 años ya medía 1,85, pero sus entrenadores en vez de meterle a jugar de pívot le dieron libertad. Sus sesiones de tiros resultaban interminables y con la llegada de la línea de tres se convirtió en un arma letal. Con el Snaidero estuvo por encima de los 30 puntos por partido; con el Pravia llegó a superar los 40; en Valladolid rozaba los 30 y en su país, habiendo superado los 40 años, seguía sumando más de 30 puntos por partido. Su amenaza exterior no ha tenido parangón en la historia del basket mundial hasta la llegada de Stephen Curry.




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