En su lado diurno, nuestro planeta es, visto desde el espacio, una preciosa 'canica azul'. Pero la Tierra nocturna ya no es, como solía, una esfera oscura salpicada por los tenues fuegos de la civilización. Al contrario, se ha convertido en una especie de 'faro' que, según un estudio recién publicado en ' Nature ', se hace cada vez más potente. Durante más de un siglo, el progreso tecnológico nos ha permitido iluminar nuestras calles, monumentos y hogares, pero ese avance ha traído consigo un efecto secundario devastador: la progresiva extinción de la noche. Y lejos de frenar gracias a la adopción de luces más eficientes, el planeta se está volviendo cada vez más brillante. Concretamente, en torno a un...
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