De pronto, un alarido despierta a la familia en medio de la noche y cuando esta acude a la habitación de su hijo se encuentra a un niño incorporado en su cama, con una expresión de miedo en su cara y unos ojos que, en realidad, no están viendo a la persona que tienen enfrente. Presenciar un terror nocturno infantil por primera vez suele dejar a los padres descolocados y con una desazón tremenda , sin saber cómo actuar . Ni siquiera la segunda o tercera vez que esta escena se repite, porque es algo a lo que es difícil acostumbrarse. ¿Despertarlo? ¿Abrazarlo? ¿Dejar que se solucione por sí sólo? Ahora, un grupo de investigadores de las universidades de Oklahoma...
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