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La 'boda del siglo' cumple 70 años: así fue el fastuoso enlace entre Grace Kelly y Rainiero de Mónaco

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Abc.es 
Aquella fue 'la boda del siglo'. Ocurrió el 19 de abril de 1956, hace justo 70 años, cuando la gran estrella del cine Grace Kelly unió su vida a la del príncipe Rainiero de Mónaco en un enlace fastuoso para dar vida a lo que parecía un guion propio del mismísimo Hollywood. Una celebración todavía recordada que, sin embargo, años después, desembocaría en un abrupto y trágico final propio también del celuloide, aunque esta vez de corte dramático. Efectivamente, aquella fue una historia de Hollywood. Una estrella de cine conoce a un príncipe, se enamora y se convierte en princesa. Insuperable glamour en el triunfo del amor. El mundo entero se vio envuelto en aquel frenesí que rodeó el noviazgo del príncipe Rainiero y Grace Kelly. La estrella de cine de Filadelfia había conocido s su príncipe azul durante el Festival de Cine de Cannes en 1955 y apenas un año de romance la pareja formalizaba su unión en una impresionante ceremonia que eclipsaría cualquier otra boda real. Acompañada de su familia, damas de honor y unas 80 maletas, Grace Kelly zarpó rumbo a la Riviera Francesa a bordo del transatlántico SS Constitution. A su llegada a Mónaco, la futura princesa sería recibida por 20.000 de los 23.000 súbditos que por entonces contaba el principado. Fueron dos semanas de locura para preparar la boda del siglo. Mónaco se llenaría de periodistas y curiosos para contar y vivir el fervor de la celebración. Un caos tal que el propio Rainiero se vería obligado a solicitar la intervención de la policía antidisturbios francesa. Grace Kelly llegó a Mónaco el jueves 12 de abril de 1956 y cuatro días después se reuniría con su amado Rainiero en la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, donde se celebraría la boda tres días después, para los últimos ensayos. Lo hizo con un sombrero cloche, un impecable traje de falda y guantes blancos, mientras hacía todo lo posible por ocultar su nerviosismo tras unas gafas de sol. La lluvia había vuelto a aparecer y en las escaleras de la iglesia, una multitud formada por fotógrafos, curiosos y paraguas peleaban por encontrar el mejor sitio. Tras ultimar los detalles, tuvo que subir rápidamente a un coche, apartando con cuidado a quienes la rodeaban. Fue entonces cuando advirtió la magnitud de todo lo que estaba ocurriendo. Por la noche llegaría su fiesta de despedida de soltera y luego se celebraría una ceremonia civil privada en el Salón del Trono del Palacio, donde Grace Kelly luciría un elegante traje color champán y rosa con bordados florales creado por la diseñadora de vestuario de la MGM, Helen Rose, y un tocado estilo Julieta sobre su cabello rubio. La actriz y el príncipe ya eran formalmente marido y mujer. La pareja real pasaría la noche anterior a su boda religiosa en una fastuosa gala en la Ópera de Mónaco, donde la futura princesa luciría radiante con un vestido blanco de seda de Lanvin. Finalmente, el 19 de abril, Grace Kelly, oriunda de Filadelfia, se convertiría oficialmente en Su Alteza la princesa Grace de Mónaco, y lo haría de manera espectacular en la Catedral de San Nicolás de Mónaco, repleta de lilas blancas y lirios del valle. Y entonces llegó el esperado momento, tan impresionante, en el que la novia apareció en todo su esplendor. El vestido de novia de Grace Kelly se ha convertido en fuente de inspiración para diseñadores, futuras novias y amantes de la moda, símbolo de bodas de ensueño y uno de los vestidos de novia más citados de la historia. Cuello alto y mangas largas, con una falda larga y vaporosa (y una cola de casi tres metros), también diseñado por Helen Rose. Ella ya había confeccionado antes el primer vestido de novia de Elizabeth Taylor para su boda con Conrad 'Nicky' Hilton. Oscar de la Renta diría sobre aquel famoso look nupcial de la princesa antes actriz: «El día de su boda, Grace Kelly le dio un nuevo significado a la palabra icono. Su look completo, desde el majestuoso velo hasta los delicados detalles de encaje y el sobrio vestido, la convirtió en una novia eterna». Combinaría el espectacular vestido con zapatos de David Evins, con una moneda de cobre en el derecho para atraer la buena suerte. Infructuoso a la postre. El novio, quien según la tradición monegasca hizo su entrada después de la novia, vistió un uniforme militar diseñado por él mismo. Tras un nervioso intercambio de anillos entre Grace Kelly y Rainiero, la pareja pronunció sus votos. Entonces, pocos escucharon a la princesa susurrar en tímido aliento aquel «oui» cuando le preguntaron si aceptaba al príncipe como su esposo. Entre los 700 invitados que presenciaron este momento histórico se encontraban personalidades como Cary Grant, Gloria Swanson, Ava Gardner, Aristóteles Onassis y Conrad Hilton. Tras la ceremonia, los invitados disfrutarían de un enorme pastel de bodas blanco de seis pisos, regalo de los confiteros del Hotel de París en Montecarlo. Grace Kelly había dicho adiós a Hollywood y hola a Mónaco. Un cambio radical de vida que aceptaría enamorada y plenamente convencida de su decisión y a lo que había renunciado. Llegarían días de vino y rosa, hijos, el incansable acoso de la prensa y así hasta llegar al inicio de la 'maldición de los Grimaldi'. Ocurrió el 13 de septiembre de 1982, cuando la princesa contaba con 52 años. Insistió en conducir de regreso a Mónaco desde su casa de campo en Roc Agel y prescindir de su chófer. Perdió el control en una curva y su Rover P6 B 3500 S se precipitó por una ladera de 30 metros cerca ya de Mónaco. Iba con su hija Estefanía de copiloto. Aquella 'boda del siglo' y su cuento de hadas habían quedado ya muchos años atrás.



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