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¿Qué hay detrás de los manuscritos del Mar Muerto?

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Aproximadamente en el año 68 de nuestra era, durante el reinado del emperador Vespasiano, un grupo de judíos que vivían en el desierto de Judea sintieron que la comunidad de la que formaban parte corría peligro. Eran malos tiempos para el pueblo de[[LINK:TAG|||tag|||633619211e757a32c790c30a||| Israel]]. Desde unos años antes, las relaciones entre los judíos y los conquistadores romanos se habían agriado y la situación había desembocado en guerra abierta a partir del año 66. A pesar de algunos éxitos iniciales, las legiones romanas habían ahogado en sangre los sueños de independencia de aquello revolucionarios judíos. Poco después, [[LINK:TAG|||tag|||6336149e1e757a32c790bb6e|||Jerusalén]] volvería a poder romano, el Templo sería destruido, y toda la provincia volvería a estar bajo control imperial.

Antes de que eso ocurriera, aquellos hombres, que se habían retirado al desierto de forma voluntaria para vivir conforme a sus creencias religiosas apartados del resto del pueblo judío, pusieron a salvo sus más preciados tesoros. Durante casi tres siglos, habían copiado una y otra vez una serie de manuscritos pertenecientes a la Biblia hebrea, relacionados con ella o con la propia comunidad y sus creencias, sus normas y su historia. Todos los manuscritos que pudieron reunir y otros muchos que, posiblemente, ya llevaban tiempo escondidos, quedaron a salvo en el interior de once cuevas en el desierto de Judea. Poco después de esconder su tesoro, el lugar fue destruido por los romanos y aquella comunidad desapareció de la historia.

Casi 1900 años de olvido que terminaron en algún momento de 1946-47 cuando unos beduinos de la tribu Taamireh descubrieron en un lugar llamado Qumrán, en el desierto de Judea, una de estas cuevas (más tarde llamada Cueva 1), y comenzaron a explorar los alrededores de aquel emplazamiento. Como premio a su búsqueda, hallaron siete manuscritos, tan solo los primeros de otros cientos que se hallarían en los años siguientes.

Desde la aparición de las primeras noticias sobre su descubrimiento, los llamados Manuscritos del Mar Muerto han cautivado por igual la imaginación de investigadores, aficionados y legos, quizás porque en su historia se mezclan elementos de aventura, espionaje, engaños y negocios por un lado y, por el otro, ecos de tiempos lejanos que nos remiten a uno de los momentos más importantes de la historia de la civilización occidental: la Judea en torno al nacimiento de Jesús de Nazaret.

El hecho de que los trabajos de publicación y traducción de todos los manuscritos se extendiera más de lo deseable en el tiempo no hizo sino aumentar el interés y la curiosidad en torno a este tesoro bibliográfico de varios miles de fragmentos que componen alrededor de 800 manuscritos. Secretos que no se pueden revelar, conspiraciones urdidas desde el Vaticano, luchas de poder entremezcladas con religión o política internacional, todo valía para crear cada vez más expectación y polémica. Difícil de entender desde fuera.

En un mundo en el que cualquier tertuliano parece saber de todo sin tener ni idea de nada, Jaime Vázquez Allegue se dedica a escribir de lo que, en su caso sí, realmente sabe. Ha estudiado con los mejores, en algunas de las mejores instituciones, y al amparo de expertos como Émile Puech, de la École Biblique et Archéologique Française de Jerusalén. Con esta formación a sus espaldas, lleva ya veinte años publicando sobre los Manuscritos del Mar Muerto. No es el primero en español, pues antes lo hicieron algunos maestros como Julio Trebolle y Florentino García. De ellos aprendió el que escribe, y estoy seguro de que, de una manera o de otra, también el autor del libro que nos ocupa.

Un paso más

Vázquez Allegue ha ido más allá. Si la primera generación de expertos puso a disposición de los ya iniciados un valiosísimo material sobre los Manuscritos del Mar Muerto, el paso de los años ha permitido digerir, completar y reelaborar todas estas enseñanzas para convertirlas en material divulgativo de muy alta calidad. Ya en 2023, su libro !Los Manuscritos del Mar Muerto! (Arzalia Ediciones), ofreció una deliciosa narración de todas las circunstancias que rodearon el descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto. Perfectamente documentado, y con un estilo ameno casi cercano a una novela de espías, dejó el camino preparado para esta segunda obra, en la que se sumerge a fondo en el tesoro bibliográfico en sí.

"El libro Qumrán: los Manuscritos del Mar Muerto y los descubrimientos desvelados por las nuevas tecnologías! (Erasmus Ediciones, 2026) se inicia con un panorama general de cómo era la sociedad judía y el judaísmo en la época en que se escribieron los manuscritos. Comprenderlos en su contexto adecuado es imprescindible, y por eso está plenamente justificado, igual que tienen sentido las páginas que dedica a la geografía que vio nacer a la comunidad esenia de Qumrán. Sólo el que ha estado allí comprende en toda su magnitud la abrumadora potencia del desierto.

El capítulo tercero introduce al lector en la historia del descubrimiento y el proceso de excavación del yacimiento de Khirbet Qumrán en los años 50. Ya nos vamos acercando, comenzamos a tocar tierra, paseamos por el asentamiento esenio, conocemos a sus ocupantes, nos introducimos en las cuevas donde fueron escondidos los manuscritos, y desembocamos en lo que realmente nos ha traído hasta aquí la biblioteca.

Textos perdidos

El capítulo cuarto resulta especialmente interesante incluso para los ya formados desde hace décadas en estas cuestiones, porque, tras explicar cuestiones básicas pero muy necesarias sobre soportes materiales, escritura o catalogación de manuscritos, se dedican varias páginas a mostrar los frutos de las nuevas tecnologías. Es sencillamente un placer leer sobre lo que estas tecnologías, incluida la[[LINK:TAG|||tag|||633616d51e757a32c790bf3c||| IA]], pueden aportar: identificar con precisión cuántas personas participaron en la escritura de un determinado manuscrito, el reparto de tareas y hasta posibles lesiones del escriba. Respecto a los manuscritos, puede reconstruir textos perdidos o unir fragmentos dispersos hasta ahora.

El capítulo quinto explica de manera clara pero precisa los diferentes tipos de manuscritos teniendo en cuenta el contenido del texto. Son básicamente de tres tipos, bíblicos, parabíblicos y extrabíblicos. Si los primeros cuentan sobre todo de la historia de formación de la biblia hebrea, los segundos nos hablan de la variedad de interpretaciones del judaísmo del período del segundo Templo y de la riqueza textual más allá de los textos bíblicos. Por su parte, los extrabíblicos nos enseñan cómo era la comunidad esenia que los produjo, una rama del judaísmo de la que sabríamos muy poco sin este tesoro en pergamino.

El estudio de todos estos textos lleva al autor a poder trazar unas líneas generales de lo que serían las creencias del grupo de Qumrán: su relación con Dios, su visión del mundo, y del fin de los tiempos, la importancia de la astronomía para elaborar calendarios litúrgicos precisos, o sus creencias básicas sobre temas como el Mesías o la resurrección. Con todo lo expuesto hasta ahora, cualquier lector que tome el libre de Vázquez Allegue habrá podido formarse una idea muy completa sobre los Manuscritos del Mar Muerto.

Más allá de los límites

Hay un último capítulo muy interesante que aborda cuestiones obvias para cualquiera que haya leído el libro con atención. Por mencionar tan solo dos, dilucidar a quién pertenecen los Manuscritos del Mar Muerto nos lleva al mundo del Derecho Internacional y a la complicada política de Oriente Medio, mientras que la relación de Jesús de Nazaret y los orígenes del movimiento cristiano con los autores de los Manuscritos del Mar Muerto es una cuestión que va más allá de los límites académicos y se adentra en nuestra propia identidad religiosa y cultural.

Me gustaría hacer una breve mención a la bibliografía. En demasiadas ocasiones, este apartado de un libro (y no olvidemos que en el caso que nos ocupa se trata de una obra de divulgación) se nos presenta como una exhibición del autor en donde hace gala de sus profundos conocimientos de varias lenguas extranjeras, con la intención no declarada, quizás, de epatar al lector. No tengo la menor duda de que Vázquez Allegue ha consultado numerosas publicaciones en varios idiomas en los que es competente. Sin embargo, aquí ha optado por pensar en el lector medio, y ha elaborado una bibliografía sólo con títulos disponibles en español. Muy de agradecer. El que, después de disfrutar de este libro, quiera aprender más, ya sabe de qué hilos debe tirar.




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