Morante: ¡Te odio!
Volver a la plaza hoy no era fácil. Regresábamos con el corazón convulso después de la cornada de Morante, que nos rompió en dos y que casi hace que pasemos por alto que antes había firmado una faena grandiosa para abrir plaza, que Sevilla no logró situar en su justa medida. Luego vino la cornada, la gravedad, la complejidad del posoperatorio y las noticias que llegan desde el hospital, donde el de La Puebla ha pasado la noche en la UCI, con la consiguiente preocupación de la afición por su estado de salud.
Sorprendió el nuevo llenazo en Sevilla, otro «no hay billetes», el sexto en lo que llevamos de temporada, de feria. Locura máxima. Y el viento hizo de las suyas todo el tiempo, poniendo difícil el toreo e incómoda la tarde que acabó por ponerse fría, con lo que habíamos pasado durante el día.
Se notaba cuando Manzanares fue a coger la muleta con el primero: levantaba el engaño sin piedad. Tuvo buenas condiciones ese toro de Núñez del Cuvillo. Pero, arreciara o no el viento, la faena tuvo las mismas coordenadas: toreo por fuera y con escaso compromiso. La tarde iba a ser dura.
Era difícil ver las condiciones del cuarto con la muleta volandera de Manzanares y la suma del viento, pero el de Cuvillo se dejó hacer con franqueza en el viaje y la faena basada en el diestro se hizo larga y escasa de contenido.
Talavante logró un trofeo de un buen ejemplar de Cuvillo, de nobleza extrema, una barbaridad. Se dejaba hacer a placer el toro sin poner un pero en la muleta del torero. Al natural, el extremeño dejó un muletazo soberbio, e incluso alguno más en esa búsqueda de volver al lugar donde había sido feliz. (Y nosotros). El resto estuvo lleno de enganchones en una faena que se le fue ensuciando demasiado. Una estocada y trofeo. Resumen de faena en una tarde de público de feria y facilón.
El quinto fue toro bajo de raza al que le costó empujar en la muleta de Talavante. Iba y venía y en esas idas y venidas montó faena el extremeño. Ligada y con oficio. No sonó la música. Pero la gente estaba con él. Faena muy larga, sonó aviso mientras seguía toreando, para tan escaso material.
Se desmonteraron Contreras y Arruga con el tercero, que fue otro tipo de toro muy venido a menos y al que le costaba un mundo empujar en la muleta. Luque tiró de recursos, metiéndose entre los pitones, y gustó a un público que ya de por sí estaba muy a favor.
Bien anduvo Antonio Manuel Punta con los palos en el sexto. Le costó ir al caballo al toro, pero luego tuvo repetición en la muleta de Luque y también el desafío de hacerlo con bronquedad si no lo llevabas muy cosido a la muleta. La faena de Luque anduvo por momentos muy diferentes, pero como si en ninguno acabara de tener un hilo conductor la historia. Y así se nos fue la tarde, la fría tarde, con el pensamiento de Morante que trastoca para siempre la medida de las cosas. Porque cuando se torea así convierte lo excepcional en referencia y deja al resto en un lugar ingrato, el de lo que ya no sorprende igual. Por eso volver a la plaza después tiene algo de desengaño: Y ahí nace esa sensación incómoda, a medio camino entre la admiración absoluta y la imposibilidad de conformarse. Por eso Morante, hoy, ¡te odio!
Ficha del festejo
SEVILLA. Décima de la Feria de Abril. Toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presentación. El 1º, de buen juego; 2º, muy noble; 3º, parado y a menos; 4º, noble; 5º, bajo de raza; y 6º, repetidor, bronco y vibrante. Lleno de «No hay billetes».
José María Manzanares, de nazareno y oro, estocada (silencio); y estocada (silencio).
Alejandro Talavante, de corinto y oro, estocada (oreja); aviso, pinchazo, estocada (saludos).
Daniel Luque, de azul cielo y oro, estocada (oreja); estocada, aviso y descabello (silencio).
