La prioridad es desestabilizar
Si «prioridad nacional» significa «los españoles, primero», como dice y reitera Vox, tenemos que reconocer que hay una porción importante de votantes que está de acuerdo: lo respalda y cree que debe ser así. El problema es que en realidad no deja de ser un lema o un eslogan. Son conscientes de que con las leyes en la mano (las regionales, las de España y las de Europa) no se puede discriminar entre personas que viven y trabajan aquí, por mucho que unos estén nacionalizados y otros no. Cuando Vox lanza ese mensaje, lo hace con la idea de que lo compren los españoles «pata negra», o sea, los de ocho apellidos españoles, blancos y de Valladolid, Murcia o Albacete de toda la vida. Lo que ocurre, y Abascal y su tropa lo saben, es que son españoles todos los que tienen pasaporte español, hayan nacido en Lugo, Huelva, Caracas o Marrakech.
No es posible diferenciar a nacionales de «sangre española» de los naturalizados con posterioridad, porque amén de imposible es ilegal. Ergo, hay que tener claro que, uno, a efectos de la «prioridad nacional», son nacionales todos los que tienen pasaporte español, hayan nacido en Guadalajara o Islamabad. En segundo lugar, y no es cuestión menor, los anteriores tienen idénticos derechos básicos que aquellos que viven y trabajan en este país. Tengo una amiga inglesa que lleva casi 30 años en España y no se ha nacionalizado española. Sigue siendo británica, pero en la medida en que trabaja aquí, cotiza aquí, paga los impuestos de aquí y vive entre nosotros desde hace tantísimo tiempo, no se la puede discriminar por razón de origen, pues es tan ciudadana como cualquiera, y no tiene por qué nacionalizase, si no quiere. Dirán ellos: eso es una excepción. El caso es que hay miles de excepciones como esa, y otros miles de casos, y otros miles más, de extranjeros de origen que llevan décadas en nuestros pueblos y ciudades, que no están nacionalizados, pero tienen los mismos derechos porque es de justicia y así lo dice la ley.
Cierto que tenemos la cuestión de los ilegales, pero ese es otro cantar. En la medida en que lo son, no tienen los «derechos de ciudadanía española» reconocidos, pero sí aquellos que humanitariamente se ha de conceder a cualquier persona: sanidad, educación, techo y mínimo vital hasta que se resuelve su situación, bien regularizándola como residente, bien devolviéndole a su país de origen porque no puede permanecer en España ilegalmente. El problema es que aquí prácticamente no se devuelve a nadie a su país de origen, se podría argumentar con razón. Lo que es verdad, aunque ese es otro debate.
Luego lo de la «preferencia nacional», o «los españoles primero», es algo que queda muy bien, como lo de Trump con su famoso «América first», sólo que en este caso se trata de algo pensado para la galería, para pescar votos, no porque Vox crea (y menos el PP) que se puede aplicar en el día a día, pues las leyes lo impiden y ellos lo saben. Incluso si quisieran cambiar la legislación, no podrían hacerlo: sería inconstitucional y contrario al ordenamiento europeo.
En realidad, lo que pretende Abascal con esta proclama es seguir llamando la atención con eslóganes populistas más o menos llamativos o atractivos, que le permitan continuar creciendo y, sobre todo, seguir desestabilizando al PP, su principal objetivo. Le da munición a Sánchez, una vez más, que tilda de «racista» un planteamiento que es similar al que defienden sus socios indepes («los catalanes, primero»), sin rasgarse las vestiduras por ello. Y es que los racistas catalanes sí que son buenos.
