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EE UU media en las negociaciones de Israel y Líbano con Hizbulá como principal problema

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Líbano, epicentro y campo de batalla -una vez más- de las cuitas y las guerras de todo Oriente Medio, la estrecha franja mediterránea de terreno atravesada por cordilleras y profundas divisiones sectarias, afronta las que pueden ser jornadas y semanas decisivas para su futuro. Por primera vez en más de tres décadas, representantes del Gobierno libanés y del israelí trabajan no solo en consolidar la tregua de una guerra -que Beirut nunca declaró- sino en un acuerdo amplio que siente las bases de un acuerdo de paz y la normalización de relaciones, dos de los grandes tabúes de la política libanesa de hoy y de siempre.

Tras participar en el encuentro celebrado este jueves en el Despacho Oval entre la embajadora libanesa en Washington Nada Hamadeh y su homólogo israelí Yechiel Leiter -en presencia del secretario de Estado Marco Rubio y del vicepresidente JD Vance- y de anunciar él mismo la prolongación tres semanas más del alto el fuego entre Israel e Hizbulá, el presidente de EE UU, Donald Trump, deja constancia de su implicación personal en el dossier libanés con el telón de fondo de la guerra con Irán y de que es la única persona en disposición de sentar a Beirut y Tel Aviv a negociar. El mandatario estadounidense se muestra convencido de poder reunir al presidente libanés Joseph Aoun y al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

El escollo fundamental en un proceso de negociaciones que Hizbulá viene rechazando desde el principio no es otro que la incapacidad de las Fuerzas Armadas de Líbano a la hora de acometer la incautación efectiva del resto del armamento de la milicia, con un Ejército y un Gobierno donde la organización chií apoyada por la República Islámica de Irán también está presente, a pesar de las promesas reiteradas del presidente Aoun y su gabinete en los últimos meses.

La presión de Washington y Tel Aviv desde comienzos de 2025 y en estos momentos -después de más de siete semanas de dura campaña militar sobre un ya castigado Líbano- no solo no está dando los resultados esperados, sino que amenaza con avivar las tensiones intracomunitarias en el interior del país -con el espectro de la guerra civil siempre flotando sobre el ambiente-, e incluso de abrir una crisis institucional con la caída del gobierno.

Para no pocos observadores partidarios del desarme de Hizbulá, el proceso sólo tendrá éxito tras una negociación que pase por la integración paulatina de los integrantes de la milicia en las Fuerzas Armadas de Líbano y la vida civil como resultado de un proceso interno con las menores injerencias posibles que permita al grupo chií tener una salida honrosa.

Para EE UU e Israel el horizonte deseado no es solo un Líbano sin Hizbulá, sino un país integrado en el nuevo Oriente Medio consagrado por los Acuerdos de Abraham y desgajado de la órbita de la República Islámica. “Paralelamente a las discusiones [entre Líbano e Israel], se ha impuesto otra dinámica diplomática. Objetivo: cambiar las reglas del juego e inscribir a Líbano en un eje árabe regional, en la intersección de Arabia Saudí, Egipto y Turquía, en coordinación con Estados Unidos y los países europeos. Y esto para sustraerlo de las trampas que podrían hacer que cayera en la órbita israelí, al mismo tiempo que se lo extrae del eje iraní”, escribía ayer Mounir Rabih, uno de los principales cronistas políticos en las páginas del digital libanés L’Orient-Le Jour. Con todo, el acuerdo de paz -como el que Israel mantiene con Egipto y Jordania- y la normalización -alcanzada con Emiratos, Bahréin y Marruecos- siguen antojándose lejanos y rechazados por una parte importante de la población libanesa más allá de Hizbulá y su base chií.

Así las cosas, la frágil tregua -con las tropas israelíes ocupando entre el 5% y el 6% del territorio libanés tras establecer una zona tampón al norte de sus fronteras tras trazar la nueva ‘línea amarilla’- que no ha impedido que tanto las Fuerzas de Defensa de Israel como Hizbulá hayan seguido cruzando fuego a un lado y otro de la frontera.

Ayer, el Tsahal lanzó varios bombardeos contra supuestas “estructuras militares” de Hizbulá en el sur del país de los cedros. Tel Aviv lo considera una respuesta a un lanzamiento anterior de proyectiles por parte de la milicia chií contra el norte de Israel. “Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han atacado estructuras militares en Jirbet Salem y Tulin, en el sur de Líbano, que eran usadas por Hizbulá para promover planes terroristas contra las fuerzas israelíes y el Estado de Israel”, reportaban los mandos militares israelíes en una nota.

Por su parte, la más poderosa de las fuerzas integrantes del ‘eje de la resistencia’ dirigido y entrenado por la Guardia Revolucionaria iraní, reivindicaba ayer haber golpeado posiciones -incluidos vehículos militares Humvee- de las tropas israelíes en la localidad libanesa de Qantara.

Entretanto, el primer ministro israelí acusaba ayer a Hizbulá de estar “saboteando” las negociaciones iniciadas hace una semana con Beirut, por lo que volvía a defender su “plena libertad” para atacar al país vecino. “Hemos iniciado un proceso para lograr una paz histórica entre Israel y Líbano, y tenemos claro que Hizbulá está intentando sabotearlo. Nos reservamos plena libertad de acción frente a cualquier amenaza, incluidas las emergentes”, zanjaba Netanyahu ayer en una breve nota difundida a los medios.




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