El uso de préstamos al consumo, tarjetas de crédito y cualquier otro método de financiación para sortear las compras diarias ha provocado que la deuda acumulada por cada hogar en este tipo de productos se haya incrementado hasta los 8.000 euros, prácticamente la misma cuantía que debían las familias hace 15 años, en plena gran recesión. Los españoles se aferran cada mes con más fuerza a la posibilidad de aplazar los pagos de las compras que realizan, ya sea en su día a día, o un electrodoméstico, o un viaje, o un automóvil... Todo es financiable y el bolsillo de los ciudadanos va cargando con un peso que se ha incrementado un 10% hasta 2024, en dos años, según la Encuesta Financiera de las Familias actualizada por el Banco de España. Esos 8.000 euros son la mediana de lo que los hogares adeudan a las entidades financieras. La estadística define con mayor precisión los préstamos acumulados porque establece el punto central entre lo que deben la mitad de los españoles, hacia un lado y hacia el otro, frente a la media, que se ve distorsionada por los extremos, explica el supervisor. En 2022, ese importe en créditos al consumo era de 7.300 euros. La financiación doméstica dibuja una tendencia ascendente que se ve impulsada por un entorno de tipos de interés moderados y una facilidad para acceder a estos productos en el mismo punto de venta, una circunstancia que se ha popularizado. Las diferencias de deuda en financiación al consumo por edades son notables en función del tipo de hogar. Como puede resultar evidente, un joven menor de 35 años no tiene la misma capacidad de endeudamiento que un ciudadano mayor de 50. Pero la encuesta del Banco de España apunta una nueva realidad: los recién jubilados, quienes acaban de abandonar el mercado laboral, han incrementado de forma notable su endeudamiento hasta acumular 6.600 euros, adelantando incluso al grupo de edad más joven, que adeuda 5.800 euros. Habitualmente, los jubilados hacían un uso mucho menos intensivo de préstamos al consumo y tarjetas que los más jóvenes. Pero la economía de los 'boomer', los nacidos entre finales de los 50 y principios de los 70, está cambiando por completo la radiografía del endeudamiento. Hacen viajes, disfrutan del ocio, realizan compras... Y ese dinamismo se nota en sus bolsillos. El grupo de edad que más dinero debe a los bancos en este tipo de productos es el de quienes se encuentran entre los 35 y los 44 años, con 9.300 euros pendientes de pago. Esta circunstancia se explica por el momento vital en el que se encuentran, con un mayor gasto por compromisos familiares, laborales, etc. La financiación al consumo está sirviendo para poder hacer frente a todo tipo de compras que hasta hace poco se limitaban a la adquisición de un vehículo o un electrodoméstico de alta gama. Eran los productos a los que se dirigían los créditos disponibles para los consumidores. Pero ahora se puede financiar casi hasta la barra de pan. Las compras en el supermercado son la última opción que se ha incorporado a este tipo de herramientas para facilitar el pago mensual del gasto doméstico que realizan las familias. El hándicap de esta realidad es que los perfiles con menor renta se ven tentados para financiar todas y cada una de sus compras. Y eso puede ser un peligro para sus presupuestos. De hecho, los parados o inactivos han incrementado la deuda doméstica de 4.300 a 6.000 euros en solo dos años, dando muestras de que, a pesar de que sus ingresos se han visto resentidos por su situación laboral, el endeudamiento ha seguido creciendo. La explicación a esta realidad se fundamenta en unos tipos de interés que se encuentran en uno de los niveles más bajos de los últimos años. Así, la referencia media que se aplica en los préstamos que ahora se están concediendo se mueve entre el 6% y el 7%, según los últimos datos del Banco de España. Estas cuantías están muy lejanas a tipos del 8% o del 9% que llegaron a comercializarse en su momento y que elevaban el coste de financiar nuestro día a día. Además, los créditos se encuentran ya a la vuelta de la esquina: en los mostradores de los comercios, en las cajas de pago de los supermercados y en las propias aplicaciones bancarias que ofrecen automáticamente la posibilidad de financiar una compra cuando la entidad detecta un gasto elevado con respecto al habitual. En este sentido, hay que vigilar cuáles son las condiciones que están ofreciendo los bancos. Porque un 0% de financiación no es un 0% TAE . En el primer caso, es necesario analizar si hay comisiones de apertura del crédito, tasas o cualquier otro pago inesperado que incremente el coste de lo que se está financiando. Porque aplazar una compra no tiene por qué ser financiarla. Las tarjetas revolving son otro mundo. Se trata de productos de pago que en muchas ocasiones se venden como cualquiera de las tarjetas que tenemos en el banco, cuando en realidad esconden una situación financiera hasta perversa: a medida que se hace uso del crédito de esa tarjeta, se va renovando automáticamente, dando la sensación de que siempre se debe lo mismo, cuando no es así. Además, las revolving aplican unos intereses superiores al 18%, que es necesario vigilar antes de adentrarse en una financiación que puede aplastar los presupuestos familiares como una verdadera bola de nieve que no ha parado de crecer.