Abascal ha acusado brutalmente a la Iglesia de « hacer negocio con la inmigración ilegal », por manejar partidas millonarias procedentes del erario público. Pero si esas partidas millonarias son administradas honradamente, la acusación de «hacer negocio» se torna una calumnia gruesa. No creemos, sin embargo, que administrar dinero de los contribuyentes, por mucho que haga honradamente y se emplee en labores humanitarias, tenga nada que ver con la caridad cristiana, que ante todo desea salvar el alma de la persona a la que auxilia; y con un auxilio que nace del desprendimiento propio, al estilo de 'El príncipe feliz' de Wilde, no con dineros rapiñados por el Leviatán (aunque, desde luego, siempre será mejor que tales dineros se destinen...
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