La tarde de Palha transcurría sin pena ni gloria. Mala, sin bravura, sin celo, sin querer, sin humillar... Así fueron los cuatro primeros capítulos. Nada de nada. Hasta que salió el quinto, un imponente y destartalado toro -más para Pamplona que para Madrid-, con un metro de pitón a pitón. Nadie podía hacerse con él en la capa, mientras el toro pegaba frenadas y hacía cosas feas, hasta que llegó Iván García , le pegó tres capotazos, le pudo por bajo y se tapó, porque no era su turno de brega (ya lo había hecho magníficamente en el primero), llevándose una de las dos ovaciones más cerradas de la tarde (que la otra también fue para él, con los palos)....
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