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Апрель
2026

Crítica de "La plaga": la piel violenta ★★★ 1/2

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En “Junior”, el corto en el que Julia Ducournau cocinó la esencia de la imaginería de “Crudo” y “Titane”, la adolescencia era terreno abonado para el "body horror", como si la revolución hormonal de la construcción de la identidad tuviera que pasar obligatoriamente por una pegajosa mutación dermatológica. Puede ser que Charles Polinger admire a la cineasta francesa, porque, aunque “La plaga” es mucho más contenida, también contempla la pubertad como un pasaje del terror de efectos somáticos, donde la piel es reflejo putrefacto de la violencia del acoso, de la necesidad gregaria de pertenencia a un grupo, de la soledad del que empatiza con el débil frente al poder supremo del maltratador.

Tal vez lo más escalofriante de “La plaga”, que nació como corto con el título de “Sauna”, es que el mundo adulto parece haber abdicado de su papel de escudo protector y entidad disciplinaria (el monitor que interpreta Joel Edgerton es meramente testimonial), de modo que, como en una versión civilizada de “El señor de las moscas”, los adolescentes crean su propio sistema social en el marco de un campamento de verano de waterpolo. El modo en que Polinger filma los cuerpos de los chicos en la piscina, en recurrentes planos subacuáticos de sus piernas y sus troncos, despersonalizándolos, acostumbra los ánimos del espectador a una ominosa atmósfera de amenaza.

Aquí la originalidad no es el tema, porque hemos visto muchas películas en las que un adolescente perverso decide hacerle la vida imposible a otro (a dos, en este caso). Lo singular es utilizar una enfermedad de la piel como pretexto para marginar a la víctima de acoso y a quien empatiza con ella, y trabajar con la idea de contagio como medio de discriminación y aislamiento, una metáfora que funciona a la vez como “fake new” para diseminar el pánico entre los que prefieren no pensar por sí mismos y como peligro real para los que han cruzado la línea de la locura. Es posible que Polinger subraye demasiado el crescendo angustioso que sufren los acosados, y la película tienda a repetirse, pero es fascinante entrar en ese espacio de ambigüedad donde no sabemos a ciencia cierta si acecha lo sobrenatural, o todo es producto de la imaginación del miedo a la violencia y la marginación.

Lo mejor:

El modo en que crea una atmósfera malsana y opresiva.

Lo peor:

Hay un momento en que la película tiende a subrayar en exceso la dimensión metafórica de la enfermedad y el contagio.




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