El último tango del chavismo y el fabricismo en cuesta de Moras
El dulce sonido del acordeón convoca a la pareja a la pista... Con la soltura provista por los ensayos previos, el chavismo y el fabricismo se toman de las manos, entrelazan los cuerpos y acercan los rostros sin tocarse los labios.
No les hace falta hablar; se conocen de memoria. Con los primeros acordes, una mirada cómplice desata una descarga de movimientos sensuales y coordinados que transforman a los bailarines en una figura única y bicéfala.
Su conexión es evidente. Entre giros, caminatas y baldosas, los protagonistas del baile de la impunidad mueven las caderas y se cuidan de guardar la compostura mientras ejecutan a la perfección su rutina predilecta.
El chavismo, vestido con traje entero y corbata color turquesa, y el fabricismo, con un largo vestido celeste y moño azul, presumen su sincronía sobre el tablado.
Un molinete por aquí, una barrida por allá. Entre interacciones cargadas de erotismo y pasión, el mundo desaparece a su alrededor. Ya nada más importa. Al llegar a ese estado de gracia, lo único relevante es mantener el paso.
En ese justo momento, cuando los compromisos políticos llevan la danza al éxtasis, no hay escrúpulos, ni valores ni principios. Solo existe, pegado al torso, un compañero de baile que transpira y palpita a la espera del cierre convenido.
Los gambeteos de este dúo ya habían logrado bloquear dos intentos para levantar en el Congreso la inmunidad al presidente Rodrigo Chaves para que enfrentara una causa penal por presunta concusión y una investigación del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) por supuesta beligerancia política.
Pero el baile no había terminado. En su acto final, el chavismo y el fabricismo reclutaron a varios compinches para impedir que el plenario conociera los informes de una pesquisa legislativa contra el diputado Fabricio Alvarado por supuesto abuso sexual.
Veintidós curules vacías evidenciaron cuántos diputados se apuntaron a una nefasta coreografía que no solo evitó que se tomara una decisión política sobre este caso, sino que también dejó en total desamparo a la denunciante, Marulin Azofeifa.
Ese fue, pues, el último tango en cuesta de Moras de esta pareja por conveniencia. Y aunque ninguno estuvo presente en la fallida sesión final del anterior Congreso, era como si su holograma se deslizara por el recinto burlándose de los demás.
